martes, 25 de septiembre de 2018

China: de Iglesia del silencio a traicionada

Fuente: Adelante la Fe


Mientras el comunismo chino endurecía su hostigamiento persecutorio a la Iglesia Católica fiel a Roma, -entre otros aspectos, imponiendo la instalación de circuitos cerrados de cámaras dentro de los lugares de culto, ordenando la demolición o eliminación de cruces, la destrucción de iglesias con dinamita y excavadoras, la confiscación de Biblias, ordenando a las iglesias de las provincias de Henan, Jiangxi, Zhejiang, Liaoning y Hebei enarbolar la bandera china, destruir pancartas e imágenes con mensajes religiosos y cantar el himno nacional y las canciones del Partido Comunista durante el culto, prohibiendo a los menores de 18 años de asistir a las iglesias, amenazando con la expulsión de la educación y el empleo a quienes creen en las religiones, imponiendo a los fieles que reemplacen las pinturas de Jesucristo con retratos del presidente Xi Jinping, un culto a la personalidad que se asemeja al de Mao, imponiendo nuevas regulaciones, [desde el pasado 1 de febrero] que establecen el cierre de todas las iglesias no oficiales dejando al menos a 6 millones de católicos sin lugares de reunión, restringiendo el acceso a material religioso en línea, y otros acosos, hostigamientos y maltratos- recorría un secreto a voces: la inminencia de un acuerdo entre la República Popular China y la Santa Sede.
En ese arco de «la peor represión contra los cristianos desde la Revolución Cultural china» Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias, elogia a China como el país donde la doctrina social de la Iglesia se aplica de manera más completa. Un poder influyente que respeta la dignidad humana y el planeta, un país que tiene una gran población con gente de buena calidad, que observa el bien común y […] ha demostrado su capacidad para [realizar] grandes misiones como luchar contra la pobreza y la contaminación.
Según Monseñor Sánchez Sorondo, los críticos de un acuerdo entre China y el Vaticano son un pequeño grupo minoritario de personas, gente que quería crear problemas, ruidosos, pero no muchos.
El próximo pasado 22 de septiembre, los representantes del Vaticano y la República Popular China firmaron un Acuerdo Provisional calificado de pastoral, no político, «fruto de un acercamiento gradual y recíproco, ha sido acordado luego de un largo proceso de negociación cuidadosa y prevé la posibilidad de revisiones periódicas de su aplicación. Se trata de la nominación de obispos, una cuestión de gran importancia para la vida de la Iglesia, y crea las condiciones para una mayor colaboración a nivel bilateral».
Mientras el Director de “L’Osservatore Romano”, Giovanni Maria Vian, califica de una fecha en lahistoria la firma del Acuerdo, Su Eminencia el obispo emérito de Hong Kong, cardenal Joseph Zen afirma al respecto: «el tan esperado comunicado de prensa de la Santa Sede es una obra maestra de creatividad al no decir nada en muchas palabras».
I. Iglesia perseguida
Jesús envió a sus apóstoles y discípulos como ovejas en medio de los lobos:[1] he aquí el sello que nos permite en todos los tiempos reconocer a los discípulos. Un humilde predicador, atacado por un poderoso que defendía el brillo mundano de sus posiciones sacudidas por la elocuencia del Evangelio, se limitó a dar esta respuesta: «Una sola cosa me interesa en este caso, y es que Jesús no vea en mí al lobo sino al cordero». Nuestro Señor Jesucristo, advirtió claramente que muchos de sus discípulos serían perseguidos, maltratados y martirizados: A ustedes los arrastrarán ante las autoridades, y los azotarán en las sinagogas. Por mi causa, ustedes serán llevados ante los gobernantes y los reyes, teniendo así la oportunidad de dar testimonio de mí ante ellos y los paganos[2].
Es parte de la vocación propia de la Iglesia de Cristo, se persigue a los fieles porque se persiguió a su Fundador, y en ellos se perpetúa el odio contra Jesús y du doctrina. Se les persigue porque su predicación puede descubrir lacras de muchas personas que no toleran les señalen sus miserias.
Es una característica de la Iglesia: a través del sufrimiento y de la persecución, voluntariamente aceptados y soportados, manifestar que aman el Reino eterno de Dios, que viven como extraños en este mundo, que ambicionan los bienes eternos del cielo, y que Dios conforta a sus apóstoles hasta el punto de que acepten martirios sorprendentes por su crueldad.
San Pío X, siendo ya Papa, había afirmado que una quinta característica eclesial más evidente, además de las cuatro es ser Iglesia mártir.
Es «el misterio de la iniquidad»,[3] explica San Pablo, que sirviéndose normalmente del «impío», es decir, de aquellos hombres que se prestan a ser sus secuaces e instrumentos de su acción en la historia, y que opera a la sombra, para obstruir o destruir, la obra del Señor. En su Carta a los Efesios, lo dice de una manera más explícita: «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre [es decir, contra dificultades o enemigos de orden humano, natural], sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas» (Ef 6, 12).
Son clásicas las palabras de Tertuliano: «Aunque sea refinada, vuestra crueldad no sirve de nada; más aún, para nuestra comunidad constituye una invitación. Después de cada uno de vuestros golpes de hacha, nos hacemos más numerosos:  la sangre de los cristianos es semilla eficaz (semen est sanguis christianorum)».[4]
Millares de mártires se cuentan de las persecuciones de Nerón el año 64 y las de Diocleciano y Juliano el apóstata, a las que siguieron las persecuciones del humanismo, la rebelión protestante, el iluminismo, la revolución francesa… y las persecuciones del siglo XX en Méjico, Rusia y sus satélites; Cuba, España, China, Vietnam, Corea… Cien millones.
Juliano el apóstata, en el siglo VI, desplegó una persecución para anular moral y culturalmente a los cristianos. Su táctica consistió en excluir a los discípulos de Cristo de los puestos públicos, les prohibió tener escuelas, confiscó sus templos convirtiéndolos en lugares de culto idolátrico, empujó la herejía arriana adentro de la Iglesia para dividir y discordar a los fieles, los cristianos se vieron aún imposibilitados de acudir a los tribunales, debido a que cada litigante debería ofrecer sacrificios a los dioses paganos del Imperio.
En China, al final de la Guerra Civil «el comunismo se vio indesafiable con un control total sobre la población, de modo que juzgó que podría actuar en términos de libertad y tolerancia”, pero cuando las conversiones fueron en aumento, se sintieron inseguros y pensaron: “Estamos perdiendo la batalla de las ideas”, y perdieron sus nervios hasta traicionar su profesión de libertad religiosa. Status que se mantiene hasta el presente. Hace poco, el Presidente chino ha declarado que “el Vaticano debe aceptar el hecho de que existe libertad de credo en China, siempre y cuando la religión no entre en contradicción con las leyes del país”».
La Iglesia ha resistido indomable en China, ha triunfado hasta el punto de que el comunismo ha dejado de matar, porque no tiene que haber mártires. Es político matar unos pocos, ordinariamente esto asusta y produce la aquiescencia de muchos. Pero no es político seguir haciendo mártires, porque inmediatamente se apodera del pueblo un espíritu martirial, y, entonces, ya puede marcharse la tiranía.
II. Iglesia patriótica
Una de las formas más sutiles de la Revolución, «consiste en usar a los católicos, jerarquías o fieles, para sus propios fines, cediéndoles el poder, o parcelas controladas de poder, o ilusionándolos de que han obtenido o se les ha confiado el poder político. Puede también intentar embriagarlos con los éxitos que les permiten alcanzar, como pago del servicio que prestan los católicos a los fines que ellos no han fijado, y de la renuncia a su fe o a su identidad, en el ejercicio del poder político».[5] Prelados, sacerdotes, religiosos y seglares colaboracionistas con las ideologías los ha habido siempre.
Remontándonos a la sangrienta persecución ordenada por el emperador Diocleciano en febrero del año 303, su primer edicto prescribía destruir las iglesias y quemar los libros sagrados, el año 304 siguieron medidas más severas, en un cuarto edicto ordenó a todos a ofrecer incienso a los ídolos bajo pena de muerte, con la consecuencia de muchos mártires y confesores y asimismo otros que, débiles en su fe, apóstatas que pusieron en manos de los perseguidores libros y vasos sagrados y hasta a sus mismos hermanos, se les vino a llamar traditores.
En todos los siglos, ha habido cristianos que han rechazado el martirio, avergonzándose de la Cruz de Cristo y quebrantando así el seguimiento del Redentor. Según tiempos y circunstancias, han sido llamados «lapsi», caídos, apóstatas, cristianos infieles. En todos los tiempos los ha habido, y siempre los habrá, hasta que Cristo vuelva.[6]
No olvidemos que en el pasado reciente hubo prelados, clérigos y seglares colaboracionistas con los regímenes totalitarios en los países de la Cortina de Hierro, especialmente en Polonia. En Hungría el episcopado juró fidelidad al régimen.
No llevaba mucho tiempo el comunismo en China cuando la gente comprendió que odiaba a la Iglesia Católica. El Papa Pío XII escribió el 18 de enero de 1952 la Carta Cupimus imprimis y el 7 de octubre de 1954, la Encíclica Ad sinarum gentem sobre la situación religiosa en China. Declaró la invalidez episcopal de los obispos nombrados por la CCPA.
Nadie ignora la persecución sangrienta ordenada por Mao Tse Tung en cuanto se hizo cargo del país. Campos de concentración, siniestras cárceles, negación para los detenidos de toda comunicación con la familia y con el exterior, trato inhumano para doblegarlos a romper sus relaciones de amistad y de sumisión al Romano Pontífice.
Narró el Padre Aedan McGrath: «Una de éstas experiencias terroríficas, fue la gran purga. En Chungking, millares desaparecieron de las calles en una sola noche, luego en Shangai, 10.000 y aún 20.000 y hasta 30.000 fueron apresados de repente durante la noche, y a la mañana, no había señal de ellos. Estos arrestos fueron seguidos de ejecuciones diarias en muchas partes de China. Camiones llenos de gente volaban por las calles, tocando sirenas para aterrorizar más a la gente. Colocaron altavoces en los árboles a los dos lados de la calle, para que nadie pudiera escapar al terror que se estaba difundiendo por todas partes. El hecho es, que en tres o cuatro años fueron ejecutados 20 millones nos da la idea de lo aterrador de aquellos días.
«Es bueno recordar estas cosas alguna vez, cuando leemos los periódicos y hallamos que algún pobre obispo se ha visto forzado a consagrar obispo a algún sacerdote de la nueva Iglesia cismática.Nosotros, sacerdotes europeos, sufrimos comparativamente poco. Los sacerdotes y obispos chinos han estado sufriendo los últimos años, sin saber a dónde dirigirse, sin nadie que les diese siquiera un consejo».
Con el diabólico deseo de acabar con la Iglesia Católica, Mao Tse-tung, incoó en 1957 una Iglesia nacional e independiente: la «Asociación Católica Patriótica China» (CCPA). Organización cismática, herética y pro aborto, que no reconoce la autoridad del Papa o cualquier cosa realizada por la Iglesia desde entonces, debido a lo que el comunismo chino denomina injerencia extranjera, imperialismo organización reaccionaria. La CCPA es la única organización para católicos reconocida por el gobierno chino, los católicos que reconocen la autoridad del Papa viven su fe en una Iglesia subterránea que tiene el status de ilegal. No existe libertad religiosa. La CCPA y la denominada Conferencia Episcopal que reúne a los obispos ilícitamente ordenados, son dirigidas y controladas por la Agencia Estatal de Asuntos Religiosos.
Los falsos católicos de la CCPA gozan de todos los beneficios, incluso de becas a los Estados Unidos, financiadas los católicos americanos mediante la Sociedad de Maryknoll con el fin de integrarlos a la Iglesia Universal y acelerar el día de la reconciliación plena. En ese contexto la Iglesia subterránea ha sido anulada como la ruta más oportuna para el retorno de China al catolicismo.[7]
La Iglesia Patriótica ha adaptado el cristianismo a las exigencias de la filosofía atea y materialista. Esa es la Iglesia que Jorge Mario Bergoglio reconoce ahora, y a la que los heroicos católicos de la clandestinidad, incluidos obispos, clero y fieles tendrán que someterse.
III. Ostpolitik nueva versión
En este orden de cosas, suscita cada vez más perplejidad este acercamiento renunciatario y radicalmente negacionista de la política exterior de la Santa Sede, que trae al recuerdo la tristemente célebre Ostpolitik vaticana, que, en el pasado siglo, llevó a la Iglesia a quedar sometida en una falsa coexistencia pacífica entre la Iglesia y regímenes comunistas opresores y totalitarios.
Durante el actual pontificado, el Cardenal Zen, publicó un documento en el que se refería a la honda preocupación de los católicos de la Iglesia subterránea en China, ante la progresiva descongelación de las relaciones entre Pekín y Roma: el surgimiento de una nueva Ostpolitik.
Dice el cardenal: «La Ospolitik comenzó ya con el Papa Juan XXIII y con Pablo VI. Era una situación desesperada de la cual se trataba de encontrar una vía de salida. Pero, ¿hubo una vía de salida? Los Papas y las Comisiones Cardenalicias, en la casi falta de informaciones (la cortina de hierro), se debían fiar de Casaroli dándole carta blanca, y él, pobrecito, debía nadar en la oscuridad (mientras los enemigos habían redes de informaciones-espías- hasta dentro del vaticano (ver The End and the Beginnig de George Wiegel).
¿Los grandes resultados? “¡Asegurada la jerarquía eclesiástica!” ¿Cuál jerarquía? Obispos fantoches, no pastores de grey, sino lobos rapaces, funcionarios del Gobierno ateo. “Se buscó un ¡modus non moriendi! ¡La Iglesia de aquellos países se salvó no por las maniobras de la diplomacia vaticana, sino por la fe indefectible del siempre pueblo fiel!».[8]
Estamos pues, en una guerra, una guerra en que nuestros enemigos no defienden nada sagrado. Ninguna ley ni temor de Dios los detiene, fuera del temor de ser descubiertos antes de poder llevar a cabo todos sus planes. Es una guerra a muerte. Es una guerra, sobre todo, contra las almas, propagando la herejía y la ortopraxis, y el colapso de la moralidad, destruyendo la fe o esclavizándola al vicio. Es por la guerra contra la Iglesia como el diablo y sus seguidores tratan de apagar los medios de gracia -la oración y los sacramentos- así como la voz moral de la Iglesia.
Afirmó el P. Paul Kramer: No pensemos ni por un momento que esta maravillosa «tolerancia» será concedida sin un precio –sin un quid pro quo que requeriría un silencio moralmente intolerable sobre los graves errores de la iglesia conciliar. Es el mismo viejo arreglo del Ostpolitik que hizo Casaroli con los regímenes comunistas de la Cortina de Hierro, por el cual la Iglesia pagó por la tolerancia un precio de silencio intolerable –y de este modo se convirtió en la «Iglesia del Silencio».[9]
Al deplorar el cardenal Zen, las negociaciones vaticanas con los comunistas chinos, que llevarían a levantar la excomunión a la «Iglesia patriótica» con su clero colaboracionista, afirmó que los católicos chinos, no temen la represión ni la cárcel, sino la traición de los hermanos.
«Iglesia del Silencio» traicionada, en palabras de D. Antonio Caponnetto: por un personaje cuya malicia se desplegaba con insolencia creciente ante nuestros ojos atónitos de católicos argentinos.
_____
[1] SAN MATEO, 10, 16.
[2] SAN MATEO, 10, 17-18.
[3] 2TESALONISENSES 2, 7.
[4] TERTULIANO, Apologético, 50, 13.
[5] BOJORJE, P. HORACIO, La debilidad política de los católicos.
[6] IRABURU, P. JOSÉ MARÍA, El martirio de Cristo y los cristianos.
[7] MAZUELO.LEYTÓN, GERMÁN, El enemigo número uno de China,http://www.infocatolica.com/blog/contracorr.php/1305270404-el-enemigo-numero-uno-de-chin
[9] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, La Iglesia subterránea en China https://adelantelafe.com/la-iglesia-subterranea-china/

Del yoga a la apostasía. Un testimonio real

Fuente: Adelante la Fe

Nos tomamos el atrevimiento de copiar este testimonio enviado a la página católica Adelante la Fe por la importancia que tiene para enriquecer los temas que aquí tratamos, sobre todo los peligros del YOGA como práctica común entre muchos católicos y que en muchos casos ha resultado en abandono de la Fe, Apostasía y en los casos más graves posesión demoniaca. A continuación les dejamos el artículo esperando abra los ojos de muchos de ustedes, NO SE PUEDE SER CATÓLICO Y PRACTICAR YOGA NI NINGUN ORIENTALISMO, un verdadero católico evita contaminarse con cosas que no son de Dios, y son engaños del demonio, como son todas estas prácticas de la Nueva Era. Dentro de poco subiremos a nuestro canal de YouTube también un video sobre este tema.


Señor Director,
Quiero pedir disculpa en primer lugar a usted y a todos los lectores, porque lo mío no es escribir, pero quiero contarles MI testimonio, que he vivido y vivo en primera persona para alertar a todas las personas de buena voluntad que quieran leerme.
Tengo 54 años y me case con mi marido a los 30. Mi esposo, por ponerles en antecedentes, siempre fue un católico poco practicante, sin gran formación, pero se consideraba católico. Aunque tuvo sus buenas épocas, yo lo he visto confesando, yendo a Misa los domingos e incluso haciendo lectura espiritual antes de dormir.
Hoy día, mi esposo ha apostatado por completo de la fe católica y el culpable se llama YOGA. Sí, el yoga, no se extrañen, se que muchos de ustedes lo consideran algo inofensivo, pero no lo es.
Todo empezó cuando hace unos años decidió apuntarse a unas clases de deporte en un gimnasio municipal, y a los pocos días decidió ir a probar unas clases de yoga que daban en un aula de al lado, con intención de hacer “estiramientos” y “relajarse”. Yo la verdad no le di mayor importancia, en ese momento desconocía por completo lo que se esconde detrás de esto. Sí había visto algún vídeo advirtiendo y cosas así, pero jamás lo vi a fondo y me parecieron que eran exageraciones de fanáticos.
No fue sino al poco donde ya noté algo que me llamó la atención, y es que lo vi leyendo un libro. Sí, no le parezca raro, porque en todos los años que llevamos de casados, hasta que empezó todo esto, no recuerdo haberlo visto jamás leer un libro. No recuerdo bien el título, lo que sí parecía era una especie de libro de esos que llaman de autoayuda, hablando sobre la felicidad y cosas así. Por lo que pude ojear el libro en el fondo escondía enmascaradamente una introducción sibilina a la filosofía panteísta del hinduismo-budismo y una llamada al indeferentismo religioso, es decir una introducción al new age.
Aquí fue donde empecé a preocuparme y donde me acordé de esos vídeos que apenas vi advirtiendo el yoga. Los vi completos y comprendí que lo que allí denunciaban era exactamente lo que empezaba a ver en mi marido. El yoga no es más que la cara amable del movimiento new age, la puerta de entrada a un mundo sectario y alejado del cristianismo.
Mi marido siguió leyendo libros en cadena sobre esa temática apasionadamente, estaba verdaderamente atrapado, al punto que al poco me dijo que quería apuntarse a unas clases para ser monitor de yoga. En ese mundillo todas las amistades que hacía estaban todos relacionados con la secta new age y todos sus derivados: reiki, esoterismo, chamanismo, energías curativas y todo tipo de gansadas que me cuesta creer una persona en sus cabales le dé la más mínima credibilidad.
Y así siguió y siguió en una espiral que a día de hoy no ha parado, y vive obsesionado por y para el yoga, el budismo y el new age. Hoy día mi marido no se considera cristiano, tiene un buda puesto en su escritorio, y allí le pone flores y le hace extraños rituales, e incluso cuando trata sobre religión me habla, no sin cierto desprecio, de “tu Dios”. Su ceguera espiritual es absoluta y me hace recordar aquello que dijo alguien que cuando no se cree en la Verdad.. se cree en cualquier cosa. ¿Cómo se puede poner en discusión a Jesucristo y creerse todo tipo de majaderías de ese mundo?
Y eso no es todo, se va a extraños “retiros” algunos fines de semana y está todo el día yendo a conferencias de todo tipo de personajes de ese submundo, absolutamente todos enajenados mentales y aprovechados
Podría escribir largo y tendido sobre esto, porque tengo que convivir con esta situación a diario. Mi marido a pasado de ser cristiano a estar metido auténticamente en una secta, y ello única y exclusivamente debido al yoga, que ha sido su puerta de entrada a todo el movimiento new age que le ha conducido a la apostasía absoluta.
No se engañen amigos, el yoga no son estiramientos inocentes, es la pantalla de esa secta y lo tienen muy cerca, es un peligro potencial para cualquier alma cristiana. Yo he visto como mi marido ha pasado de ser cristiano a estar adorando un Buda, y eso se lo debe al Yoga. Que sirva esto de advertencia y nadie caiga en esa trampa. No dejen por lo que Dios más quiera que sus hijos se acerquen a ese mundo.
Por favor, recen por mi marido, yo humanamente no puedo hacer mucho más por él, sólo Dios podrá ayudarlo, y por ello le rezo todos los días.

Anónimo

sábado, 22 de septiembre de 2018

Magnificat en Latín

La magnifica o magnificat en latín, es una oración católica y a la vez un canto. En primer lugar, su origen proviene del evangelio de San Lucas (Lucas 1:26-55).



Esta oración la magnifica, se dedica a reproducir lo que según el evangelista, fueron las palabras que María, madre de Jesús, dirigió Dios durante la visita que hizo a su prima Isabel. Lo importante es que llevaba en su seno a Juan El Bautista.

¿Cuál es el origen de esta oración a la SantísimaVirgen?

El nombre magnifica, como oración, tiene su origen en la frase del latín, que dice: Magnificat anima mea Dominum. Según la biblia, porque se produjo un encuentro entre Isabel y María. Fue en una población cercana a Jerusalén, cerca de la montaña de Judea.
Como resultado, la magnifica es parte del canto evangélico utilizado durante el rezo propio de las vísperas (dentro de la Liturgia de las horas). Por ello, hoy en día esta oración es uno de los pasajes bíblicos relacionados con la Santísima Virgen María más famosos. Es reconocido por el cristianismo como la realidad que vivió.
A continuación, la oración magnificat para dedicar a la  Santísima Virgen y realizar nuestras plegarias:
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Magnificat anima mea Dominum,
et exultavit spiritus meus in Deo salutari meo,
quia respexit humilitatem ancillae suae.
Ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
et sanctum nomen eius,
et misericordia eius ad progenie in progenies
timentibus eum.
Fecit potentiam in brachio suo,
dispersit superbos mente cordis sui,
deposuit potentes de sede,
et exaltavit humiles,
esurientes implevit bonis,
et divites dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum
recordatus misericordiae suae,
sicut locutus est ad patres nostros
Abraham et semini eius in saecula.

Gloria Parti et Filio et Spiritui Sancto
Sicut erat in principio, et nunc et semper,
et in saecula saeculorum. Amen

Vía Crucis en Latín según el método de San Alfonso María de Ligorio

VIA CRUCIS SECÚNDUM SANCTUS ALPHÓNSUS MARÍÆ A LIGUÓRI
       
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
   
CONFÍTEOR
Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michäeli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et opere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ídeo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michäelem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, eomnes Sanctos, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum. 
      
ORÁTIO AB INÍTIO
Dómine Jesu Christe, tu tam amánter hanc viam ingréssus es, ut mortem pro me obíres; ego vero multóties eo devéni, ut te contémnerem. Nunc autem ex tota ánima mea amo te, et quia te amo, pǽnitet me ex íntimo corde quod tibi displícui. Ignósce mihi, et pátere ut in hac via me tibi cómitem adjúngam. Tu, amóre mei ductus, pergis ad locum ubi pro me moritúrus es, et ego vicíssim, tui amóre ductus, desídero te comitári, ut una tecum, amantíssime Redémptor, móriar. O mi Jesu, volo conjúnctim tecum et vívere et mori.
            
PATER NOSTER
Pater noster, qui es in Cœlis. Sanctificétur nomen tuum. Advéniat regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in Cœlo, et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hódie: Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.
       
AVE MARÍA
Ave María, grátia plena, Dóminus tecum. Benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui, Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc, et in hora mortis nostræ. Amen.
    
GLÓRIA PATRI
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper: et in sǽcula sæculórum. Amen
    
STÁTIO I
Jesus condemnátur ad mortem
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quómodo Jesus Christus, jam flagellátus et spinis coronátus, injúste tandem a Piláto ad mortem crucis condemnétur.
      
O adoránde Jesu, non Pilátus, sed iníqua mea vita te ad mortem condemnávit. Per méritum laboriosíssimi hujus itinéris, quod ad Calváriæ montem instítuis, precor te, ut me semper in via, qua ánima mea in æternitátem tendit, benígne comitéris. Amo te, o Jesu, mi Amor, magis quam meípsum, et ex íntimo corde pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum a te separári. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit. Quod tibi plácitum est, hoc idem mihi est accéptum.
     
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO II
Jesus onerátur ligno crucis
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
        
Consídera quómodo Jesus Christus, portans húmeris crucem, fúerit inter eúndum, memor tui, offeréndo pro te ætérno Patri mortem, quam erat obitúrus.
Amabilíssime Jesu, ampléctor omnes res advérsas, quas mihi usque ad óbitum tolerándas præfixísti, et, per durum illum, quem in portánda tua cruce pertulísti, labórem, precor te, ut vires mihi subminístres, quibus ego quóque crucem meam, ǽquo ac patiénti ánimo, portáre váleam. Amo te, o Jesu, mi Amor, pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum a te separári. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit. 
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
          

STÁTIO III
Jesus procúmbit primum sub ónere crucis
        

V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera primum hunc Jesu Christi sub cruce lapsum. Habébat carnem ex sæva flagellatióne multifárie sáuciam, caput redimítum spinárum coróna: profúderat insúper cruórem in tanta cópia, ut vix pedem præ vírium defectióne, movére posset. Et quóniam gravi crucis ónere premebátur, et immisericórditer a milítibus propellebátur, accídit ut plúries inter eúndum humi procúmberet.
      
O mi Jesu, non est onus crucis, sed peccatórum meórum pondus, quod tantis te affícit dolóribus. Rogo te, per primum hunc tuum lapsum, ut ab omni in peccátum me lapsu tueáris. Amo te, o Jesu, ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum in peccátum prolábi. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO IV
Jesus fit perdolénti Matri óbvius
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quális fúerit, in hac via, Fílii et Matris occúrsus. Jesus et María se mútuo aspéxerunt, mutúique eórum aspéctus, fuérunt tótidem sagíttæ, quibus amántia eórum péctora transverberabántur.
      
Amantíssime Jesu, per acérbum dolórem, quem in hoc occúrsu expértus es, redde me, precor, sanctíssimæ Matri tuæ vere devótum. Tu vero, perdólens mea Regína, intercéde pro me, et obtíne mihi talem cruciátum Fílii tui memóriam, ut mens mea in pia illórum contemplatióne perpétuo detineátur. Amo te, o Jesu, mi Amor; pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum in te peccáre. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit. 
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO V
Jesus in bajulánda cruce a Cyrenǽo adjuvátur
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
         
Consídera quómodo Judǽi, vidéntes Jesum ad quémlibet passum ánimam propemódum præ lassitúdine efflántem, et timéntes ex áltera parte ne, quem crucis supplício afféctum volébant, in via morerétur, compéllant Simónem Cyrenǽum ad bajulándam crucem post Dóminum.
      
O dulcíssime Jesu, nolo sicut Cyrenǽus, repudiáre crucem, libénter eam ampléctor in méque recípio, ampléctor speciátim quam mihi præfinísti mortem cum ómnibus, quos hæc secum addúctura est, dolóribus. Conjúngo eam cum morte tua, sicque conjúnctam eam in sacrifícium tibi óffero. Tu amóre mei mortuus es; volo ego quóque mori amóre tui, ea mente ut rem tibi gratam fáciam. Tu vero adjúva me tua grátia. Amo te, o Jesu, mi Amor, pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO VI
Jesus Verónicæ sudário abstérgitur
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quómodo sancta illa fémina Verónica, videns Jesum dolóribus conféctum ejúsque Vultum sudóre ac sánguine mádidum, pórrigat ei linteólum in quo ipse, abstérsa fácie, sacram sui Imáginem impréssam relínquit.
        
O mi Jesu, formósa erat ántea Fácies tua; verum hac in via non ámplius formósa appáret, sed est vulnéribus et cruóre omníno defórmis. Hei mihi! Quam formósa quóque erat ánima mea, cum grátiam tuam per Baptísmum recepísset: peccándo eam póstea defórmem reddídi. Tu solus, mi Redémptor, prístinam venustátem ei restítuere vales; quod ut fácias, per tuæ Passiónis méritum te precor. Amo te Jesu, mi Amor; pǽnitet me quod tibi displícui; ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO VII
Jesus procúmbit íterum sub ónere crucis
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera álterum Jesu Christi sub cruce lapsum, quo lapsu perdolénti Dómino omnes venerándi cápitis et tótius córporis plagæ recrudéscunt, ómnesque cruciátus renovántur.
         
Mansuetíssime Jesu, quam frequénter concessísti mihi véniam! Ego vero in eádem relápsus sum peccáta, meásque in te offénsas renovávi. Per méritum novi hujus tui lapsus adjúva me, ut in grátia tua usque ad óbitum persevérem. Fac ut in ómnibus, quæ me invasúræ sunt, tentatiónibus me tibi semper comméndem. Amo te ex toto corde meo, o Jesu, mi Amor; pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO VIII
Jesus plorántes muliéres allóquitur
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quómodo muliéres, vidéntes Jesum lassitúdine exanimátum et cruóre inter eúndum diffluéntem, commiseratióne permoveántur, lacrimásque profúndant. Ad flentes autem convérsus: Nólite, ínquit, flere super Me, sed super vos ipsas flete et super fílios vestros”.
         
O perdólens Jesu, défleo mea in te peccáta ob pœnas quidem quibus me dignum reddíderunt, sed máxime ob moléstiam quam tibi intulérunt, tibi qui me tantópere amásti. Ad fletum minus Inférnus quam amor tui me excítat. O mi Jesu, amo te magis quam meípsum; pǽnitet me quod tibi displícui; ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpetéum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO IX
Jesus procúmbit tértium sub ónere crucis
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera tértium Jesu Christi sub cruce lapsum. Procúmbit quia nímia erat ejus debílitas, et nímia sævítia carníficum, qui volébant ut gressum acceleráret, dum vix unum gradum fácere posset.
       
O incleménter habíte Jesu, per méritum illíus vírium defectiónis, qua in via ad Calvárium laboráre voluísti, tanto, precor, me vigóre confórta, ut nullum ámplius ad humána judícia respéctum hábeam, ac vitiósam meam natúram edómem: quod utrúmque in causa fuit cur tuam olim amicítiam contempsérim. Amo te, o Jesu, mi Amor, ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO X
Jesus véstibus spoliátur
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quam violénter Jesus vestiméntis suis spoliétur. Cum enim vestis intérior arcte carni flagéllis dilaniátæ adhǽreret, carnífices, avelléndo vestem, cutem ei quóque avéllunt. Súbeat te commiserátio Dómini tui, eúmque sic allóquere:
      
Innocentíssime Jesu, per méritum dolóris quem inter hanc spoliatiónem passus es, adjúva me, precor, ut omnem in res creátas afféctum éxuam, et tota voluntátis meæ inclinatióne ad Te solum convértar, qui meo nimis dignus es amóre. Amo te ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui; ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO XI
Jesus clavis affígitur cruci
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quómodo Jesus in crucem coniciátur, et exténsis bráchiis, vitam suam in sacrifícium pro nostra salúte ætérno Patri ófferat. Carnífices clavis eum affígunt, dein erígunt crucem, et infámi patíbulo suffíxum sǽvæ morti permíttunt.
        
O contemptíssime Jesu, affige pédibus tuis cor meum, ut amóris vínculo ligátum semper tecum remáneat, necque ámplius a te avellátur. Amo te magis quam meípsum; pǽnitet me quod tibi displícui: ne permíttas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO XII
Jesus móritur in cruce
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera tuum cruci suffíxum Jesum, qui post trium horárum cum morte luctam, dolóribus tandem consúmptus addícit corpus morti, et inclináto cápite emíttit spíritum.

O mórtue Jesu, exósculor, pietátis sensu íntime commótus, hanc crucem in qua tu, mei causa, vitæ tuæ finem implevísti. Ob commíssa peccáta infelícem mihi mortem promérui; sed mors tua est spes mea. Per Mortis tuæ mérita, concéde mihi precor, ut in ampléxu pedum tuórum extrémum spíritum, tui amóre flagrans, aliquándo reddam. In manus tuas comméndo spíritum meum. Amo te ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO XIII
Jesus depónitur de cruce
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quómodo duo ex Jesu discípulis, Joséphus nempe et Nicodémus, eum exanimátum de cruce tollant et inter bráchia perdoléntis Matris repónant, quæ mortuum Fílium peramánter recípit et arcte compléctitur.
      
O mœrens Mater, per amórem quo Fílium tuum amas, accípe me in servum tuum et precáre eum pro me. Tu vero, o mi Redémptor, quóniam pro me mortuus es, fac benígne ut amem te; te enim solum volo, nec extra te áliud quídpiam mihi opto. Amo te, o mi Jesu, pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     

STÁTIO XIV
Jesus sepúlchro cónditur
        
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Consídera quómodo discípuli exánimem Redemptórem ad locum sepultúræ déferant. Mœrens Mater eos comitátur, et própriis mánibus corpus Fílii sepultúræ accommódat. Sepúlchrum dein occlúditur, et omnes a loco recédunt.
    
O sepúlte Jesu, exósculor hunc, qui te recóndit, lápidem; sed post tríduum ex sepúlchro resúrges. Per tuam resurrectiónem fac me, precor, extrémo die gloriósum tecum resúrgere, et veníre in Cœlum, ubi tecum semper conjúnctus, te laudábo et in ætérnum amábo. Amo te, et dóleo quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
    
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
    
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commóri.
Véniam atque grátiam implóro,
Geménti in dolóribus.
     
ORÁTIO AD DÓMINUM NOSTRUM JESUS CHRISTUM CRUCIFÍXUM
En ego, o bone et dulcíssime Jesu, ante conspéctum tuum génibus me provólvo, ac máximo ánimi ardóre te oro atque obtéstor, ut meum in cor vívidos fídei, spei et caritátis sensus, atque veram peccatórum meórum pœ­ni­tén­tiam, eáque emmendándi fir­mís­si­mam voluntátem velis imprímere; dum magno ánimi afféctu et dolóre tua quinque vúlnera mecum ipse consídero ac mente contémplor, illud præ óculis habens, quod jam in ore ponébat tuo David prophéta de te, o bone Jesu: Fodérunt manus meas et pedes meos: di­nu­me­ravérunt ómnia ossa mea (Ps. 21, 17-18).
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
     

 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.