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martes, 3 de marzo de 2020

Coronavirus trampa para imponer la Comunión en la mano

Mensaje
Domino: Adauge Nobis Fidem
Sobre la Situación Ante el COVID-19

“Señor: ¡Auméntanos la Fe!” (Lc. 17, 5)
Prot. No. E03/2020

            Ante la situación que estamos comenzando en México en referencia a las personas infectadas por el “Coronavirus”, algunas personas me han pedido expresar mi opinión, ante las medidas que algunas iglesias y Grupos Eclesiales han venido tomando, de las cuales, el Pueblo de Dios se siente profundamente decepcionado, molesto e indignado.

            Me gustaría poder considerar:

            1 Hoy más que nunca, debemos de suplicar al Señor Jesús, aquella incesante plegaria de los Apóstoles: “Señor: ¡Auméntanos la Fe!” (Lc. 17, 5).Cierto es, que no podemos menos que ejercer los cuidados que la prudencia nos considere pertinentes, pero tampoco podemos dar paso a la generación de un pánico colectivo, que en nada ayuda a remediar la situación y lo único que logramos es una desesperación personal, familiar y social. Ya la Historia nos enseña que la Fe en la Misericordia de Dios actúa de manera inequívoca aun sobre las epidemias y las catástrofes.

            No podemos menos que recordar el celo de San Carlos Borromeo, Cardenal Arzobispo de Milán, Italia, por citar un ejemplo, que en 1576 azoto la Epidemia de la Peste, y este Modelo de Pastor, no importando el riesgo de su propia vida, salió a las calles de la Ciudad, y junto a sus Sacerdotes, Administraban los Últimos Auxilios a los infectados y moribundos. Así mismo, suplicando a Dios, descalzo en signo de penitencia, tomo en sus manos la Reliquia de la Santa Cruz del Señor, y en Procesión por la Ciudad, Dios concedió la Gracia del Fin de la Epidemia.

            Y podemos decir que tal vez eran otros tiempos, pero no podemos condicionar nuestra Fe a los tiempos, sino pedir al Señor que crezca esa fe en nosotros cada día, en medio de las pruebas. La fe de los antepasados y su confianza, alcanzaron de Dios las Gracias necesarias. Y en este Tiempo de grandes calamidades, parece que la Fe se extingue y el terror invade los corazones de una gran parte de nosotros.

            2  Algunas iglesias, han tomado medidas de “prudencia”, que entre nosotros, los Sacerdotes, como entre los Fieles a la Tradición Tridentina de la Iglesia, han generado descontento. Una de ellas, la más radical, la recepción de la Sagrada Comunión en la Mano. Es necesario decir, que en la Historia de la Sociedad y de la Iglesia, no ha tenido la necesidad de hacer semejante sacrilegio. Y digo Sacrilegio, porque la Sagrada Eucaristía es lo más Sagrado que la Iglesia posee: a Jesucristo mismo vivo y resucitado en las especies Sacramentales del Pan y el Vino. El Cuerpo, la Preciosa Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo como alimento de Vida Eterna.

            Es necesario comprender la diferencia entre el Sacerdocio Ministerial y el Sacerdocio Bautismal. Decir que la Sagrada Comunión es un error darse en la mano, no es de ninguna manera afirmar que se rebaja a los fieles, la Iglesia siempre ha enseñado que el Sacerdote es el Padre que alimenta a los Fieles con el Cuerpo del Señor. El mismo Papa Pablo VI enseña en la Memoriale Domini sobre la Comunión en la Boca: “Significa la reverencia de los fieles cristianos hacia la Eucaristía”. Santo Tomás de Aquino mismo lo dice: “Corresponde al Sacerdote la administración del Cuerpo de Cristo por tres razones: Primera, porque, como acabamos de decir, consagra IN PERSONA CHRISTI. Ahora bien, de la misma manera que fue el mismo Cristo quien consagró su Cuerpo en la Cena, así fue él mismo quien se lo dio a comer a los otros. Por lo que corresponde al Sacerdote no solamente la Consagración del Cuerpo de Cristo, sino también su distribución. Segunda, porque el sacerdote es intermediario entre Dios y el Pueblo (Hb. 5, 1). Por lo que, de la misma manera que le corresponde a él ofrecer a Dios los Dones del pueblo, así a él le corresponde también entregar al pueblo los dones Santos de Dios. Tercera, porque por respeto a este Sacramento ninguna cosa lo toca que no sea Consagrada… por eso, a nadie le está permitido tocarle, fuera de un caso de extrema necesidad”. Ya también el Papa Juan Pablo II, de Santa Memoria lo confirmaba en la Exhortación Dominicae Cenae: “Tocar las Sagradas Especies y distribuirlas con sus propias manos, es un privilegio de los Ordenados” (11).

            Por tanto, el no permitir a los Fieles Laicos el recibir la Sagrada Comunión en las manos, no es absolutamente rebajarles al nivel de sectarios. Por el Sacramento del Bautismo, son consagrados, ciertamente, Pueblo Sacerdotal, más no con la dignidad del Sacerdocio Ministerial, mediante el cual, las manos del Sacerdote son Ungidas con el Crisma, y solo a él, le es delegado por Gracia Divina, la responsabilidad de Consagrar las Especies Sacramentales.

            Es más fácil, ciertamente, que cualquier tipo de infección se transmita en el contacto de las manos por una mala higiene, pues las manos entran en contacto con objetos de uso público, como las manijas de las puertas, barandales de escaleras, en los medios de transporte.

            Con la Debida Reverencia que merecen los Pastores de las Iglesias, ya sea en Comunión con la Iglesia de Roma o no, “esto constituye un verdadero abuso de autoridad” (Mons. Atanasius Schneider), consecuencia de una corriente abismalmente alejada de la recta Fe de la Iglesia. Obligación en nosotros los Ministros, es cuidar debidamente la Reserva Eucarística junto al alma de los Fieles que nos han sido encomendados. Ya muy inmersa esta la Santa Iglesia en una creciente desacralización, como para generar aún más pánico con medidas irrespetuosas hacia el mismo Señor de la Casa.

            Conclusión:

            Hijos, es necesario guardar la calma. Confiar en Dios y hacer lo posible que nos dicte la prudencia sanitaria, una correcta higiene y comunicación con el médico de mayor confianza. Los cuidados humanos no están separados de la fe que profesamos. Estamos viviendo ahora el tiempo de Gracia de Cuaresma, una gran oportunidad para que nuestra Penitencia y Obras Buenas se redoblen para suplicar a Dios nos alcance su Gracia para salir delante de las posibles eventualidades que puedan suceder, sin dejarnos llevar presas del miedo y desasociego.

            Por mí parte, consciente de la responsabilidad como Sacerdote Fiel a la Tradición Tridentina, he de seguir administrando los Santos Sacramentos, especialmente la Santa Unción de los Enfermos y la Sagrada Comunión como siempre la Santa Iglesia ha enseñado a saber: de Rodillas y en la Boca. El Señor mismo que sano a los Enfermos y resucito a los muertos, ha de velar por aquellos que abandonados en Fe, Caridad y Confianza en sus brazos cumplen como Siervos Fieles sus obligaciones. Y si así lo dispone caigamos en la enfermedad, el mismo nos dará la salud para seguir trabajando por su Santísimo Nombre y la Salvación de las Almas.

            No dejemos al Señor abandonado en los Sagrarios de Nuestros Templos. Oremos por Nuestra Querida Nación Mexicana y especialmente por los Obispos tanto en Comunión con Roma, como aquellos que no lo están, para que el Señor inflame en ellos y nosotros el Don de la Fe y de la Confianza. Les bendigo a cada uno y a sus familias.



Pbro. Mauricio Parra
Iglesia Católica Conservacionista de Rito Tridentino


Cd. de México. 29 de Febrero de 2020

viernes, 21 de septiembre de 2018

Porqué Rezar en Latín



Fuente: Adelante la Fe

Reza en latín

Que el latín es odiado por el enemigo infernal es una realidad que constato en ministerio sacerdotal.
Un joven matrimonio se acercó para hacerme una consulta. La señora me advirtió que estaba, desde hacía unos años, en tratamiento con un exorcista. A lo largo de la conversación, en el momento oportuno, le aconsejé que intentara rezar en latín, en particular el Santo Rosario; es decir, Padre nuestro y Ave María, así como las letanías. En un primer momento quedó sorprendida, pero al poco consideró mi propuesta. Y fue entonces, cuando ella estaba dispuesta a seguir mi consejo, cuando se manifestó violentamente la posesión: empezó a convulsionarse violentamente durante unos segundos.
El latín ha sido la lengua con la que, durante siglos, la Iglesia ha alabado al Señor, ha sido la lengua omnipresente en la liturgia y en la vida ordinaria de la Iglesia. El latín de la liturgia no es el latín vulgar; y es que la Iglesia ha purificado la lengua de alabanza al Creador.
El latín ha sido la lengua que durante siglos ha empleado en los exorcismos. Por tanto es la lengua que mucho sabe de cómo debilitar a Satanás.
El latín es la lengua con la que la Iglesia ha definido sus dogmas de fe, ha fijado su fe y magisterio de forma imperecedera e inmutable.
Y es que el latín se diferencia de las lenguas vernáculas por su dignidad, gravedad, claridad y precisión. Tiene la gran ventaja de que puede ser pronunciado por quienes no lo conocen. Se presenta como una lengua acogedora, pues hace sentirnos miembros de la Iglesia universal, saliendo de los particularismos de las nacionalidades y de las divisiones a que nos llevan las lenguas vernáculas.
Siempre me ha extrañado que en algunas parroquias, con el fin de acoger a todos los feligreses de distintas nacionalidades, tengan distintas misas según los distintos idiomas. Así, a primera hora, misa en polaco, por ejemplo, a media mañana la misa de la parroquia, después misa en francés, y por la tarde la misa en inglés, por decir otro idioma. ¿No sería mejor una sola misa donde estuvieran todos? ¿No se sentirían más acogidos, más integrados? ¿No fomentaría mucho mejor la acogida fraternal de la parroquia? Sólo serían necesarios unos folletos con las traducciones del latín a los respectivos idiomas. De esta forma todos contestarían al unísono en la lengua que los une, que los identifica como católicos, que les hace traspasar las barreras de su idioma particular y los hace universales.
El latín eleva el alma, nos asocia al misterio del Sacrifico del Altar, nos centra en el misterio trinitario, aleja al enemigo manteniéndole a distancia, nos identifica en nuestra fe católica, nos hace universales, no crea barrearas idiomáticas, no se puede utilizar con fines políticos, como sí se utilizan las lenguas vernáculas. Y si dices que no lo entiendes, no te preocupes demasiado, el Señor sabe latín, y Él entenderá lo que le dices en la oración.
Reza en latín.
P. Juan Manuel Rguez de la Rosa.

Recientemente en Misa el sacerdote bromeó durante la homilía diciendo: “¿Pueden creer que un parroquiano me dijo que el diablo odia el latín?”. Esto fue seguido por risa de la asamblea, pero no estoy muy seguro de que sea un asunto gracioso. De hecho recordé un artículo sobre cómo el Diablo odia la Musica Sacra.
Y en el plano personal recuerdo estar saliendo de un tratamiento de radioterapia por un cáncer hace algunos años. Sentado en un banco y esperando que mi mujer viniera a recogerme saqué mi breviario y empecé a rezar la Liturgia de las Horas, en inglés. Ahora, ¿es esta la peor o la mejor forma de oración?. Por una parte es la mejor, en cuanto que uno está dando un ejemplo de “rezar en público” descaradamente y sin remordimientos. También le permite a la gente preguntar, “¿Eso es una Biblia?, ¿Que estás rezando?, ¿Eres católico?” y de esa forma abrir una puerta de entrada para que otros, a través del buen ejemplo puedan seguirlo.
Pero por otro lado tiene de negativo en cuanto que llama la atención hacia uno mismo, tal vez exageradamente y puede llegar a ser la peor forma de hacer algo “bueno”: Es como que lo haces para que otros te vean haciendo el bien y te admiren. De todas formas, como mi recogida se retrasaba, era tiempo de las oraciones vespertinas, así que recé.
Mientras rezaba, un anciano Judío – otro paciente de radioterapia con cáncer – se sentó a mi lado en el banco. Sacó su libro de oraciones y comenzó sus plegarias, algo más fuerte que las mías y con el concomitante balanceo hacia adelante y hacia atrás que es propio y singular de “nuestros Hermanos Mayores en la Fe”, como llamaba Juan Pablo II al pueblo judío.
El problema fue que como yo tenía algo de náuseas por la radiación, el balanceo hacia adelante y hacia atrás del hombre judío estaba empeorando mis náuseas. Me volví para decirle algo y al hacerlo miré su libro de oraciones: era completamente en hebreo. No estoy seguro de por qué esto me sorprendió tanto como lo hizo: todos mis doctores en el Sloan-Kettering eran judíos y uno era un judío Hasídico cuyos siete hijos asiduamente estudiaban el Talmud desde temprana edad en el idioma original.
Ese día me sentí como un fraude. Cualquier idiota puede rezar en su idioma natal. Y dada la panoplia de tele-predicadores evangelistas, parece que muchos idiotas de hecho lo hacen. Además: nuestra Iglesia TIENE un idioma oficial: el Latín – de ahí el término “La Iglesia Latina”. Es verdad, en el propio Vaticano el idioma cotidiano es el italiano, pero todos los documentos oficiales son en latín. Todos los libros de oración oficiales también son publicados primero en latín, así como el Catecismo, el Código de derecho Canónico y por supuesto, la versión Vulgata de la Biblia.
Poco después de ese día compré El Pequeño Oficio de la Santísima Virgen en una edición bilingüe (inglés y latín), convenientemente editados uno al lado del otro. Sin embargo, la única versión es la edición previa al Vaticano II de 1962, así que no es igual que el Pequeño Oficio revisado. Pero eso no tiene demasiada importancia y cuando me quedaba trabado en alguna palabra multi-silábica en latín, volvía al inglés.
Pero no tengo el don para aprender idiomas. Aunque estoy casado con una española no se absolutamente nada de español después de 13 años. Tengo siete años de italiano, cinco de francés y un semestre de irlandés: todo absolutamente en balde. Simplemente no tengo el “chip” necesario para aprender idiomas extranjeros.
Sin embargo, una vez que me acostumbré al Pequeño Oficio de la Santísima Virgen en latín, sucedió algo casual: Benedicto XVI proclamó su Motu Proprio reinstaurando la Misa en Latín y el Oficio Divino en Latín. Enseguida compré los dos tomos del Breviarium Romanum, y traté de rezar la Liturgia de las Horas en latín sin la asistencia del inglés. (los volúmenes están publicados en Alemania).
“Bien, y qué”, podría preguntarse. Bueno, por una parte exige esfuerzo rezar el Oficio en latín. Las Liturgias de las Horas pre-Vaticano II son todas más largas y hay más que en las versiones vernáculas post-conciliares (y hay más de ellas), por lo que se pasa más tiempo orando. Además, creo que Dios aprecia el esfuerzo. Mientras que la Liturgia de las Horas es ciertamente “La oración de la Iglesia”, al cabo de varios años rezando con el Breviario es imposible NO haber aprendido de memoria muchos de los pasajes, “las oraciones de los salmos”, el Oficio de Lecturas, los Himnos. Esto puede llevar a poco más que una recitación repetitiva y creo que Dios siempre está llamándonos para que salgamos de nuestra “zona de confort”, sea esa zona el sentarse en el sofá a mirar un partido de futbol en vez de pasar un tiempo en un comedor comunitario, o incluso tan solo salir a dar un paseo con la familia o rezar en la lengua oficial de nuestra Iglesia Católica.
Tal vez el mejor resumen de esto viene del mismo sacerdote que rió mientras decía “¿El diablo odia cuando rezamos en latín?” Le envié un email sobre eso y expresé mi opinión. Vale la pena repetir su respuesta y la comparto con ustedes:

No soy más versado en latín hoy que lo que era el primer día que cogí el Breviario en latín-inglés. Sin embargo estoy convencido que el Diablo, el cual nos está diciendo constantemente que no existe, debe verdaderamente odiar a cualquiera que con un corazón sincero y esfuerzos adicionales, reza en el idioma oficial de la Iglesia, un idioma que se remonta a los grandes Padres de la Iglesia y sus inestimables escritos. Y si vamos al caso, estoy bastante convencido que el Diablo odia la oración en cualquier idioma pero me gusta pensar que el latín lo vuelve absolutamente loco y lo mantiene lejos.


El Evangelio según San Mateo (5, 41) dice, 
‘Y si alguno te quiere llevar por fuerza una milla ve con él dos’, 
Mateo (5,46) dice, “porque, si amáis a los que os aman ¿qué recompensa tendréis? 
Los mismos publicanos ¿no hacen otro tanto?”. 
El evangelio siempre nos desafía a ir más lejos, 
ser mejores y esforzarnos por lograr la perfección. 
Si nuestra manera de mostrar un esfuerzo adicional, 
un acto de devoción o amor es rezar el oficio en latín, sea pues entonces. 
De tantas maneras, personalmente siento que la Liturgia Tradicional, 
en la cual estoy profundamente enraizado desde mi niñez, me provee la oportunidad de 
ofrecer ese algo más a Dios, ya que requiere una gran energía intelectual activa, 
precisamente por ser en latín y también requiere una gran dosis de memorización, 
aparte del hecho de ser tan precisa y sobria en cada uno de sus gestos 
acompañados por palabras precisas a ser dichas en ese mismo momento. 
Cuando es celebrada correctamente, la Liturgia Tradicional es como una grácil danza 
o un ballet cuidadosamente coreografiado, en paso acompasado 
con las armonías polifónicas del coro y el órgano. 
Los pasajes de canto nos proporcionan un fluir de energía interna espiritual 
que se muestra en el refinamiento, externalizado en la dignidad de los movimientos, 
las palabras y los hechos”.

Rezar para “mantener lejos al diablo” antes que para mantener a Dios cerca y nos mantendremos cerca de Dios, es como tocar el timbre al revés. “Someteos pues a Dios; al Diablo resistidle y huirá de vosotros.” (Santiago 4, 7).
Kevin Di Camillo
[Traducción por Alex Bachmann Articulo Original ncregister.com
En el libro "El Exorcista del Vaticano"  el escritor secular Tracy Willkinson  afirma  lo siguiente:
Padre Gabriel Amorth
«Al diablo no le gusta el latín, esa fue una de las primeras cosas que aprendí del Padre Gabriel Amorth qepd, más conocido como el principal exorcista de Roma, aunque ese nunca fue su título oficial.»
"Decenas de personas lo buscaban. Prefiería utilizar el Latín cuando  llevaba a cabo exorcismos, decía, ya que es más efectivo contra los demonios.
El Padre Amorth nació en Módena, en el norte de Italia y es sacerdote desde 1954. En 1986 comenzó a realizar exorcismos bajo la tutela del vicario de Roma.  En otra parte del libro tambien afirma que  para luchar contra el demonio:
"La oración, por supuesto, también espanta al  diablo y sus manifestaciones de distancia - al parecer, en Latin en particular."
Obispo emérito de Isernia
Andrea Gemma 
Pero el famoso "exorcista del Vaticano", el padre Amorth ,  no es el único que lo afirma , tambien el "Obispo-Exorcista " Andrea Gemma de Isernia  - atribuye que sacar el Latín de la Iglesia  es parte de un complot global  para socavar el cristianismo. Tambien el obispo afirma que: 
«Y si yo hablo en latín , el demonio me responde en Latín. ¡El le tiene  un horror a esa lengua!»
"El diablo está contento con la casi desaparición del Latín"

miércoles, 8 de febrero de 2017

Ya estaba previsto por Ana Catalina de Emmerich

Que tal hermanos,

sabemos que últimamente estamos tocando algunos nervios no muy agradables para muchos, pero este blog les recordamos es para evangelizar en defensa de la FE y de la Santa Iglesia que fundó Cristo, no estamos siguiendo a ningún hombre y estamos llamados a denunciar el error que pone la salvación de las almas en peligro venga de quien venga con bases teológicas y Bíblicas bajo la luz del Evangelio y de la Sana Doctrina. Nos disculpamos si herimos susceptibilidades pero estamos viviendo un tiempo crucial en la vida de la Iglesia donde debemos decidir si estamos con Dios, o con el mundo, si queremos la salvación o la perdición que nos ofrece el mundo, abran su corazón y pidan discernimiento al Espíritu Santo. Cubrimos con la Sangre de Cristo a todas las persona que vengan por aca rogándole al Señor los toque cuando nos lean, y lo sigan a El, y no mas al mundo.

Paz y Bien.




 Lo que dicen los protestantes sobre la Misa Nueva: 

-“Las comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica [de la Nueva Misa impuesta en noviembre de 1969]: teológicamente esto es posible”.

(Max Thurian, pastor protestante de Taizé que junto con otros cinco pastores protestantes colaboraron en la elaboración de la Nueva Misa, citado en el diario La Croix, del 20 de mayo de 1969).

-“Las nuevas oraciones eucarísticas [de la Misa Nueva] presentan una estructura que se conforma a la misa luterana…”

(Roger Schutz, pastor protestante de Taizé. Citado en la revista “Itineraires”, nº 305, p. 162).

martes, 7 de febrero de 2017

Austeridad, ciencia y virtud Vida de san Francisco de Asís

Enemigo de la vanagloria

Verano, 1221)Después del capítulo general, repuesto un poco de su enfermedad,  Francisco emprendió una gira apostólica por el centro de Italia. Fue tal vez en esta ocasión cuando, un día, después de predicar delante de la catedral de Terni, el obispo despidió al pueblo diciendo: "Desde que el Señor plantó y edificó su Iglesia, no ha dejado de adornarla con hombres santos que la hacen crecer con sus palabras y su ejemplo. Ahora, en nuestros días, la ha enriquecido con un hombre sencillo, humilde e iletrado. Por eso debéis honrar y amar al Señor, evitando todo pecado, ya que 'con ninguna nación obró así". Tanto agradaron a Francisco estas palabras, que se echó a sus pies, exclamando con satisfacción: "¡Messer, nadie en el mundo me ha honrado tanto como tú ahora. Los demás dicen que soy un santo y alaban a la criatura, no al Creador. Tú, en cambio, has sido discreto, sabiendo distinguir lo que es precioso de lo que nada vale.

Todo el esfuerzo de Francisco iba dirigido a edificarse a sí mismo sobre la humildad aprendida de Cristo, por eso sólo miraba a sus fallos y su mayor ilusión era crecer en la virtud. Humilde en el vestir, en los sentimientos y en la valoración de sí mismo, aparecía ante los demás como el menor de los menores. No había arrogancia en sus palabras, ni afectación en sus gestos, ni ostentación en sus obras. De buena gana se sometía a los demás, dejándose guiar mejor por el consejo de un compañero que por el suyo propio; y prefería la crítica a la alabanza, porque aquella le obligaba a corregirse, mientras el elogio lo ponía en peligro de caer.


Austeridad en el comer

(Otoño, 1221).>Del 1 de noviembre al 25 de diciembre Francisco hizo la cuaresma de San Martín en Poggio Bustone, cerca de Rieti y, por su enfermedad, los hermanos le condimentaron algunos platos con tocino. Mas, cercana ya la Navidad, mientras predicaba a un grupo de comarcanos, les dijo: "Sé que venís a verme con gran devoción, porque me consideráis un santo; pero yo confieso ante Dios y ante vosotros que durante la cuaresma he tomado alimentos con tocino". Más tarde, diría también a sus compañeros: "En los eremitorios, como en cualquier otro lugar, quiero ser ante Dios tal como la gente me ve, pues si ellos me consideran santo y no vivo como tal, sería un hipócrita".

Porque le parecía imposible satisfacer al cuerpo sin condescender con el placer, las pocas veces que tomaba alimentos cocidos los volvía insípidos echando agua fría o ceniza. Fray Bonaparte, que cocinó para él en un eremitorio, se quejaba diciendo: "yo me fatigo con tanto interés por prepararte algo bueno que te alivie, y tú me lo estropeas todo. Y yo sufro por eso". A lo que replicaba el santo: "Tú haces bien lo que haces, pero yo también hago con buena intención lo que creo es mi deber".


Austeridad en el vestir

Después de Navidad estuvo en la ermita de San Eleuterio, cerca de Contigliano, entre Rieti y Greccio. Como hacía un frío intenso, él y su compañero reforzaron sus túnicas por dentro con unos remiendos, mas él no quedó satisfecho: "He pensado -decía al compañero- que tengo que ser un modelo para todos. Aunque mi cuerpo no lo necesite, no puedo olvidar que mis hermanos pasan la misma necesidad que yo y no pueden remendar sus túnicas. Creo que tengo que ponerme en su lugar y sufrir sus mismas privaciones. Así las sufrirán mejor". Un día, juzgando que sus hermanos se excedían en el comer y en otras cosas, exclamó: "¿Acaso creen que mi cuerpo no necesita un régimen especial? Sin embargo, debo ser modelo y ejemplo para todos y quiero usar alimentos y ropas pobres y vulgares, y estar contento con eso".

La Regla permitía el uso de una segunda túnica sin capucha, en caso de necesidad, y los enfermos podían tener un hábito más suave, a condición de que fuese por fuera áspero y vulgar, porque Francisco recordaba que Cristo alabó al Bautista por la aspereza de su vestimenta, y añadía: "Sé por experiencia que los demonios sienten horror por la aspereza y tientan con más fuerza a quienes viven entre placeres". A quienes no soportaban la asperaza en el vestir los reprendía duramente, en público. Y para avergonzarlos con el ejemplo, en la parte delantera de su túnica llevaba cosida una pieza muy basta de saco.

Como solía regalar el hábito a quien se lo pedía por amor de Dios, a veces le resultaba muy difícil encontrar otro, porque lo quería muy pobre y remendado. Jamás quiso uno nuevo; prefería cambiarlo por la túnica vieja y remendada de otro hermano. Un día le preguntaron cómo podía soportar el frío con ropa tan escasa y él respondió: "No es tan difícil, si estamos inflamados por dentro con el deseo del reino".

El clérigo Tomás de Split, que lo conoció en Bolonia, dará testimonio de la sucia vestimenta de Francisco. Sucia porque sólo tenía una túnica y, según un breviario del 1254, la usaba de día para vestir y de noche para dormir sobre ella, de ahí que, tuviese que sacudirla frecuentemente con un bastón, para librarla de la polilla


Austeridad en el dormir

San Francisco solía dormir sobre una estera de junco o sobre la túnica extendida en el suelo. Por almohada colocaba un tronco, una piedra o un trozo de paño. Muchas veces dormía sentado, apoyado contra una pared. Si hacía frío, se cubría con su propia ropa. Cuando se acostaba, procuraba hacer ruido, para que sus compañeros percataran. En cambio, cuando se levantaba a medianoche para rezar maitines, lo hacía con mucho sigilo.

A pesar de ser tan riguroso, a sus hermanos recomendaba siempre prudencia y les aconsejaba: "El comer, el dormir y otras necesidades del cuerpo deben ser atendidas discretamente, para que el hermano cuerpo no se queje, diciendo: 'Si no me das lo necesario, no puedo tenerme en pie, ni darme a la oración, ni alegrarme en las pruebas, ni hacer otras buenas obras". Pero añadía enseguida: "Si eres moderado con tu cuerpo y lo cuidas de manera honesta y conveniente y, no obstante, el hermano cuerpo resulta perezoso, negligente o somnoliento en la oración, vigilias y otras obras buenas, debes castigarlo como a una bestia de carga". Esta fue su filosofía, que le permitió alcanzar un perfecto dominio de sí mismo.


Ciencia y virtud (El novicio y el salterio)

Por este tiempo, un novicio amante de la lectura, que apenas sabía leer, aprovechó la llegada de  Francisco a su eremitorio para decirle: "Sería para mí un consuelo tener un salterio. Fray Elías, tu vicario, me lo permite, pero quiero tenerlo de acuerdo con tu conciencia". La Regla de 1221 permitía que los legos que sabían leer pudiesen tener un salterio para el rezo del oficio, igual que los clérigos, pero Francisco, yendo  más allá de la letra, le contestó así: "Carlomagno, Rolando y Oliver y todos los paladines y guerreros fueron valientes en el combate, persiguiendo a los infieles hasta la muerte, sin ahorrar fatigas o sudores, hasta alcanzar una victoria gloriosa y memorable. Los mismos mártires perecieron en la lucha por la fe en Cristo. Pero hay muchos que buscan honor y alabanza con sólo narrar las gestas que otros hicieron". Cuando le pedían algo semejante ,solía añadir: "Tanto sabe el hombre cuanto hace; tanto reza cuanto practica".

El novicio, sin embargo, no se dio por vencido y volvió a la carga en otra ocasión, pero la respuesta no pudo ser más expresiva: "Cuando tengas un salterio -le dijo el santo- querrás un breviario y, cuando tengas un breviario, te sentarás en un sillón y dirás a tu compañero: '¡Tráeme el breviario!". Dicho lo cual, se roció la cabeza con ceniza y se puso a decir, mientras frotaba: "¡Quiero breviario, quiero breviario!". Luego añadió: "También yo estuve tentado de tener libros; mas, para conocer la voluntad de Dios tomé los evangelios y pedí que me diese a conocer lo que quería de mí en la primera página que abriese al azar. Terminada la oración, abrí el libro y apareció este versículo: 'A vosotros se os dado a conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás todo se le dice en parábolas' (Mt 4, 11).

Conforme al texto paulino que dice: "la letra mata, el espíritu da vida" (2Co 3, 16), Francisco afirmaba que: "son matados por la letra los religiosos que no se dejan guiar por el espíritu de las Escrituras, sino que se conforman sólo con saber las palabras e interpretarlas a otros". Por eso, en los capítulos,  no se cansaba de poner en guardia a los ministros y a los hermanos, diciéndoles: "Muchos ponen todo su afán día y noche en adquirir conocimiento y olvidan su vocación y la oración. Si hablan con alguien o predican, y ven que la gente queda edificada o se convierte con sus palabras, se hinchan de orgullo por el trabajo y mérito de otros, pues creen que han sido ellos, cuando, en realidad, ha sido el Señor quien lo ha hecho por las oraciones de los santos hermanos, aunque éstos no lo sepan, pues el Señor se lo oculta para que no se engrían. Estos son los caballeros de la mesa redonda, los que viven ignorados, en parajes desiertos y apartados, para dedicarse mejor a la oración y meditación, llorando sus pecados y los del prójimo. Aunque a veces lo ignoren sus compañeros y la gente, su santidad la conoce Dios y, cuando se presenten ante él, el Señor les mostrará el fruto de sus trabajos".

Otro día, oteando el futuro de la Orden, profetizó amargamente: "Muchos, con el pretexto de edificar a los demás y creyendo que van a estar más llenos de Dios por sus conocimientos bíblicos, precisamente por ese saber, se encontrarán fríos y vacíos, sin poder volver a la vocación primera, es decir, a la pura y santa simplicidad, la santa oración y la santa pobreza. Más les valdría fortalecerse en la virtud, para tener al Señor de su parte a la hora de la prueba; pues la prueba llegará, y los libros inútiles irán a parar a un rincón". Y añadió: "Serán tantos los que desearán adquirir conocimiento, que serán dichosos los que se hagan estériles por el amor del Señor Dios.  Respecto al texto bíblico que dice: "La mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía" (1Sam 2, 5), comentaba que "es estéril el buen religioso sencillo, humilde, pobre y despreciado, vil y abyecto, que con la santa oración y las virtudes edifica continuamente a los demás, y da a luz con llanto doloroso"

No es que Francisco viese con malos ojos o despreciara el estudio de la teología o de las Escrituras, al contrario: en su Testamento dejará escrito que hay que honrar y venerar a los teólogos y predicadores "como a quienes nos administran espíritu y vida" Y quería que sus hermanos estudiasen. En los primeros años le regalaron un Nuevo Testamento y, como eran muchos y no podían leerlo todos a la vez, arrancó hoja por hoja y las repartió a cada uno, para que lo estudiaran con comodidad. San Buenaventura, a quien debemos esta anécdota, explica en otro momento que Francisco sabía muy poco de letras al principio, pero progresó no sólo con la oración, sino también leyendo. Pero estaba convencido de que la ciencia no sirve para nada sin las virtudes; y la primera de todas, imprescindible para el hermano menor, es la sencillez, que él definía así: "La santa sencillez es la que sólo se conforma con Dios y desprecia todo lo demás; se gloría en el temor del Señor y no sabe decir nada malo; no condena a nadie, porque se conoce a sí misma; cede el poder a los mejores y no lo ambiciona para sí; no considera como máximo honor los éxitos del mundo y prefiere obrar antes que enseñar o aprender. La sencillez, dando de lado a quienes se pierden en rodeos, florituras, juegos de palabras y en la ostentación o petulante interpretación de las leyes, no busca la corteza, sino la médula, no el envoltorio, sino el contenido, no la cantidad, sino la calidad y el sumo Bien verdadero".

Pero, además de la sencillez, hay otras virtudes hermanadas entre sí, que el fraile menor debe practicar, si quiere verse libre de los asaltos del enemigo, según el poético e inspirado Saludo a las Virtudes y la Admonición 27, que se conservan entre sus escritos.


Por el sur de Italia

(Invierno, 1222). Desde el valle de Rieti y a través del valle del Salto, Francisco se dirigió hacia el sur de Italia. En el Sacro Speco de Subiaco, cuna de la Orden benedictina, una pintura de San Francisco considerada su retrato más antiguo, recuerda que pasó por allí en 1222. Muchas leyendas y tradiciones recuerdan también su paso por algunas poblaciones, aunque los biógrafos principales recuerdan sólo dos episodios. Uno tuvo lugar en los alrededores de Bari, en Puglia, cuando él y su compañero encontraron una bolsa que parecía repleta de dinero, pero que, en realidad, contenía una serpiente. El segundo episodio fue en Gaeta, en la región napolitana, y recuerda que Francisco tuvo que defenderse del fervor de la gente predicando desde una barca, a cierta distancia de la playa.


(Fratefrancesco.org - Fr. Tomás Gálvez)

“Ay de vosotros que llamáis mal al bien y bien al mal” (San Pío X)


San Pío X dedica la Encíclica Editae Saepe (26 de mayo de 1910) a San Carlos Borromeo, que trabajó en la restauración de la Iglesia en una época en la cual los protestantes, bajo el pretexto de “reforma”, contestaban muchos dogmas. El papa Sarto reconoce a San Carlos el mérito de haber trabajado para que se pudiera actuar y poner en práctica el Concilio de Trento con una sana “contra-reforma” según el lema retomado más tarde por el mismo Pío X “Restaurar todo en Cristo”.
* * *
Durante el humanismo y el renacimiento, el espíritu del mundo había penetrado en las almas de los cristianos y de muchos Pastores. La vida cristiana y eclesial se había resentido de ello.
San Pío X comenta: “sólo por un milagro del poder divino puede suceder que entre la expansión de la corrupción y la frecuente defección de sus miembros, la Iglesia, en cuanto que es el Cuerpo Místico de Cristo, se mantenga indefectible en la santidad de la doctrina, de las leyes, de su fin. […]. No menos claro aparece el sello de su vida divina por cuanto, aun a pesar de tanto aluvión de perversas opiniones, ella persevera constante e inmutable. […] Y esto es mucho más admirable porque ella no sólo resiste el mal, sino que vence el mal con el bien […] se esfuerza por la renovación cristiana de la sociedad no  menos que de los individuos particulares”[i].
Después, el Papa condena con palabras severas el espíritu del protestantismo uniéndolo al del modernismo y cita al profeta Isaías (V, 20): “Ay de vosotros que llamáis mal al bien y bien al mal”. Los protestantes, en efecto, “llaman reforma, y a sí mismos reformadores, el tumulto de rebeliones y la perversión de fe y de costumbres. Pero, en realidad, fueron corruptores porque prepararon las rebeliones y la apostasía de los tiempos modernos, en los cuales se renuevan juntos, en un solo ímpetu, los tres géneros de lucha, separados antes, de los cuales la Iglesia había salido siempre vencedora: las persecuciones cruentas […]; las herejías […]; la corrupción de vicios junto a la perversión de la disciplina”[ii].
De igual manera los modernistas, prosigue el Papa, “subvierten la doctrina, las leyes y las instituciones de la Iglesia, teniendo en los labios el grito de una humanidad más culta […] porque con estos nombres grandiosos pueden más ágilmente ocultar la maldad de sus intenciones”[iii].
Añade seguidamente: “Y cuáles son en realidad sus fines, cuáles sus tramas, cuál el camino que pretenden recorrer, nadie de vosotros lo ignora, y sus diseños fueron denunciados y condenados por Nos. Ellos se proponen conseguir una apostasía universal de la fe y de la disciplina de la Iglesia, una apostasía mucho peor que la antigua herejía que puso en peligro el siglo de Carlos Borromeo; una apostasía que tanto más astutamente serpea oculta en las mismas venas de la Iglesia, como extrae mucho más sutilmente de principios erróneos las extremas consecuencias”[iv].
* * *
También aquí es necesario pesar cada palabra:
1º) los modernistas se proponen conseguir “una apostasía universal de la fe y de la disciplina de la Iglesia”, o sea, el fin del modernismo es no sólo la herejía o la negación de uno o más dogmas, sino el cambio sustancial de la religión, que se llama apostasía o paso de la religión verdadera a otra esencialmente diferente o el abandono de toda la doctrina de la fe;
2º) “una apostasía mucho peor que la antigua herejía que puso en peligro el siglo de Carlos Borromeo”; en efecto, en el siglo de San Carlos serpeaba la herejía luterana, que negaba varios dogmas de fe, pero no toda la doctrina de la fe;
3º) una apostasía que “tanto más astutamente serpea oculta en las mismas venas de la Iglesia, como extrae mucho más sutilmente de principios erróneos las extremas consecuencias”: la novedad y la fuerza del modernismo es querer serpear, como una víbora venenosa, en las venas, o sea, en lo más íntimo de la Iglesia, sin salir de ella, como por el contrario habían hecho los luteranos; además extrae de sus perversos principios las conclusiones más radicales y extremas: el modernista no se detiene en medias tintas, sino que llega a las consecuencias más extremas; si no lo hace pública y abiertamente al principio es sólo para no ser descubierto y continuar serpeando dentro de la Iglesia para desgastarla, transformarla y difundir en ella su veneno.
Robertus
(Traducido por Marianus el eremita)
[i]      U. Bellocchi (a cargo de), Tutte le Encicliche e i principali Documenti pontifici emanati dal 1740. Città del Vaticano, LEV, vol. VII, Pio X, 1999, p. 392.
[ii]     Ib., p. 394.
[iii]    Ib., p. 396.
[iv]    Ib., p. 397.

Amoris Laetitia





ANTECEDENTES

Resultado de que en Alemania el clero modernista -contaminado del protestantismo regional- ha implantado en muchas partes el sacrilegio de dar la Eucaristía a los divorciados en nueva unión (es decir a quienes viven en grave pecado y -de acuerdo con las enseñanzas de Cristo- en adulterio) contrariando la enseñanza evangélica que prohíbe la recepción de la Eucaristía a quien esté en pecado mortal, el tema se discutió durante dos años del presente pontificado (del papa Francisco) y fue impulsado por el principal instigador de este sacrilegio, el cardenal alemán Walter Kasper, a quien vivamente elogió el papa Francisco en su primer Ángelus luego de su elección (ver AQUÍ).

El tema llegó a ser el principal durante los dos sínodos sobre la familia. Es decir que se sometió a discusión y a postrer votación la aprobación del sacrilegio en la Iglesia. Kasper tuvo un papel preponderante durante los mismos -particularmente en el primer sínodo- con el elogio y el apoyo del papa (ver AQUÍ). Finalmente, tras los dos sínodos, la propuesta de Kasper no fue aprobada por falta de los votos necesarios para ello, pero sí fue apoyada por un alto número de cardenales modernistas. No obstante, y aunque se aclaraba que no alcanzó la votación requerida, quedó consignada -por deseos de Francisco- en el documento final del último sínodo.

La catolicidad fiel a la doctrina de Cristo, a las enseñanzas evangélicas y al Magisterio infalible de la Iglesia, no daba crédito al ver que el Romano Pontífice, en lugar de poner en su lugar a los clérigos alemanes que desobedecían el Magisterio de dos mil años mediante el sacrilegio contra el Cuerpo de Cristo, pidiera la discusión del mismo a todos los países, permitiera fuese propuesto en dos sínodos y que la verdad evangélica fuese puesta a votación "democráticamente" al final de los mismos, como si la Verdad Revelada por Dios estuviese sujeta a lo que pueda decir una mayoría humana.

Pasó un buen tiempo para conocerse la postura PERSONAL del papa. Muchos teólogos y cardenales publicaron estudios donde se demostraba cuál era la doctrina invariable, la doctrina inmutable al respecto, con la esperanza de que finalmente el papa volviese a recordarla de una manera clara y terminante. 

Finalmente, el papa Francisco ha publicado en este mes su exhortación postsinodal Amoris laetitia. Documento que no cumple con las condiciones que establece la Iglesia para que sea infalible, por lo que solo expresa el punto de vista personal y falible de Francisco. Por lo mismo, el resultado pudo llegar a ser verdaderamente fatal, pese a los intentos de la linea media que busca -a toda costa y con muy malos resultados- realizar la hermenéutica de la continuidad, aprovechando lo que tiene de aprovechable (aquello en que repite la doctrina de siempre) el propio documento y dizque interpretando lo que realmente quería decir Francisco y no dijo. Cabe reconocer que varios de la misma línea, finalmente, tuvieron la honradez de señalar que esto ya no es posible y que si bien se debe respetar la persona del papa, esto no significa desconocer la doctrina católica donde se indica cuáles son los límites de su autoridad, siendo que su misión es conducir la Iglesia enseñando y custodiando la Verdad Revelada que ha recibido como legado de Cristo y no puede modificar ni una iota de la misma. Como advierte y enseña el Concilio (dogmático) Vaticano Primero: “El Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y expusieran fielmente la revelación transmitida por los apóstoles”. El Papa es DEPOSITARIO, no inventor de la Doctrina Católica.  

Recordemos que no será la primera vez en la Historia que un Pontífice yerre como persona privada al no cumplir con las condiciones -establecidas por la Iglesia- para que su magisterio sea infalible. Y que el error, como tal, no forma parte propiamente del magisterio. Gracias a Dios, cuando esto ha ocurrido Dios ha suscitado fieles que, con el debido respeto a la investidura y en defensa de la Verdad evangélica y por amor a Cristo y a su Iglesia, resisten y señalan el error. Y esto ya ha sucedido en el caso presente. Recordemos que por algo mucho menos grave san Pablo resistió a san Pedro, primer papa (ver AQUÍ).

A continuación reproducimos el que consideramos ha sido, hasta el momento, el mejor resumen del contenido de este documento:


La exhortación postsinodal Amoris laetitia: primeras reflexiones sobre un documento catastrófico


por Roberto de Mattei

Con la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, publicada el 8 de abril en curso, el papa Francisco se ha pronunciado oficialmente sobre problemas de moral conyugal que vienen debatiéndose desde hace dos años.

En el consistorio del 20 al 21 de febrero de 2014, Francisco había confiado al cardenal Kasper la misión de introducir el debate sobre este tema. La tesis de Kasper, según la cual la Iglesia debe cambiar su praxis matrimonial, fue el tema central de los sínodos sobre la familia celebrados en 2014 y 2015, y constituye el núcleo de la exhortación del papa Francisco.

Durante estos dos últimos años, ilustres cardenales, obispos, teólogos y filósofos han tomado parte en el debate para demostrar que entre la doctrina y la praxis de la Iglesia tiene que haber una íntima coherencia. La pastoral se funda precisamente en la doctrina dogmática y moral. «¡No puede haber una pastoral en desacuerdo con las verdades y la moral de la Iglesia, en conflicto con sus leyes y que no esté orientada a alcanzar el idea de la vida cristiana!», declaró el cardenal Velasio de Paolis en su alocución al Tribunal Eclesiástico de Umbría el 27 de marzo de 2014. Para el cardenal Sarah, la idea de separar el Magisterio de la praxis pastoral, que podría evolucionar según las circunstancias, modos y pasiones, «es una forma de herejía, una peligrosa patología esquizofrénica» (La Stampa, 24 de febrero de 2015).

En las semanas que han precedido a la publicación del documento se han multiplicado las intervenciones públicas de purpurados y obispos ante el Sumo Pontífice con miras a evitar la publicación de un texto plagado de errores, tomados de las numerosísimas enmiendas al borrador propuestas por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Francisco no se ha echado para atrás. Al contrario, parece que encargó el texto definitivo de la exhortación, o al menos algunos de los pasajes clave, a teólogos de su confianza que han intentado reinterpretar a Santo Tomás a la luz de la dialéctica hegeliana. El resultado es un texto que no es ambiguo, sino claro, en su indeterminación. La teología de la praxis excluye de hecho toda afirmación doctrinal, dejando que sea la historia la que trace las líneas de la conducta en los actos humanos. Por esta razón, como afirma Francisco, «puede comprenderse» que, en el tema crucial de los divorciados vueltos a casar, «(…) no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónico, aplicable a todos los casos» (§300). Si se tiene la convicción de que los cristianos no deben ajustar su comportamiento a principios absolutos, sino estar atentos a «signos de los tiempos», sería contradictorio formular cualquier clase de reglas.

Todos esperaban la respuesta a una pregunta de fondo: los que, tras un primer matrimonio vuelven a contraer matrimonio por la vía civil, ¿pueden recibir el sacramento de la Eucaristía? A esta pregunta, la Iglesia siempre ha respondido con un no rotundo. Los divorciados vueltos a casar no pueden recibir la comunión, porque su condición contradice objetivamente la verdad natural y cristiana sobre el matrimonio que se representa y actualiza en la Eucaristía (Familiaris consortio, § 84).

La exhortación postsinodal responde lo contrario: en líneas generales no, pero «en ciertos casos» sí (§305, nota 351). Los divorciados vueltos a casar deben ser «integrados» en vez de excluidos (§299). Su integración «puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas» (§ 299), sin excluir la disciplina sacramental (§ 336).

En realidad, se trata de lo siguiente: la prohibición de recibir la comunión ya no es absoluta para los divorciados vueltos a casar. Por regla general, el Papa no los autoriza a recibirla, pero tampoco se lo prohíbe. «Esto –había destacado el cardenal Caffarra refutando a Kasper– afecta la doctrina. Inevitablemente. Se puede incluso decir que no lo hace, pero lo hace. Es más, se introduce una costumbre que a la larga inculca en el pueblo, sea o no cristiano, que no existe matrimonio totalmente indisoluble. Y esto desde luego se opone a la voluntad del Señor. No cabe la menor duda» (Entrevista en Il Foglio, 15 de marzo de 2014).

Para la teología de la praxis no importan las reglas sino los casos concretos. Y lo que no es posible en lo abstracto, es posible en lo concreto. Pero como acertadamente señaló el cardenal Burke, «si la Iglesia permitiera (aun en un solo caso) que una persona en situación irregular recibiese los sacramentos, eso significaría que, o bien el matrimonio no es indisoluble y por tanto la persona en cuestión no vive en estado de adulterio, o que la santa comunión no es el cuerpo y la sangre de Cristo, que por el contrario requieren la recta disposición de la persona, o sea el arrepentimiento del pecado grave y la firme resolución de no volver a pecar» (Entrevista de Alessandro Gnocchi en Il Foglio, 14 de octubre de 2014).

No sólo eso: la excepción está destinada a convertirse en una regla, porque el criterio para recibir la comunión lo deja Amoris laetitia al «discernimiento personal». El discernimiento se logra mediante «la conversación con el sacerdote, en el fuero interno» (§300), «caso por caso». ¿Y quién será el pastor de almas que se atreva a prohibir que se reciba la Eucaristìa, si «el mismo Evangelio nos reclama que no juzguemos ni condenemos» (§308) y es necesario «integrar a todos» (§297), y «valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio» (§292)? Los pastores que quisieran invocar los mandamientos de la Iglesia correrían el riesgo de actuar, según la exhortación, «como controladores de la gracia y no como facilitadores» (§310). «Por ello, un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones irregulares, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas. Es el caso de los corazones cerrados, que suelen esconderse aun detrás de de las enseñanzas de la Iglesia “para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”» (§305).

Este lenguaje inédito, más duro que la dureza de corazón que recrimina a los «controladores de la gracia», es el rasgo distintivo de Amoris laetitia, que, no es ninguna casualidad, fue calificada por el cardenal Schöborn en la conferencia de prensa del pasado 8 de abril de «un evento lingüístico». «Lo que más me alegra de este documento -declaró el cardenal de Viena- es que supera de forma coherente la artificial división externa que distinguía entre regular e irregular». El lenguaje, como siempre, expresa un contenido. Las situaciones que la exhortación postsinodal define como «llamadas irregulares» son el adulterio público y la convivencia extramatrimonial. Para Amoris laetitia, éstas realizan el ideal del matrimonio cristiano, «de modo parcial y análogo» (§292). «A causa de los condicionamientos o de factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado -que no sea subjetivamente culpable o no lo sea de modo pleno- se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia» (§305), «en ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos» (nota 351).

Según la moral católica, las circunstancias, que constituyen el contexto en el que desarrolla la acción, no pueden modificar la cualidad moral de los actos haciendo buena y justa una acción intrínsecamente mala. Pero la doctrina de los absolutos morales y del mal intrínseco queda anulada por Amoris laetitia, que se acomoda a la “nueva moral” condenada por Pío XII en numerosos documentos y por Juan Pablo II en Veritatis splendor. La moral situacionista deja a la merced de las circunstancias y, en últimas, a la conciencia subjetiva del hombre, determinar qué está bien y qué está mal. Así, una unión sexual extraconyugal no se considera intrínsecamente ilícita, sino que, en tanto que acto de amor, se valora en función de las circunstancias. Dicho de un modo más general, no existe el mal en sí como tampoco pecados graves ni mortales. Equiparar a personas en estado de gracia (situaciones regulares) con personas en situación de pecado permanente (situaciones irregulares) es algo más que una cuestión lingüística: diríase que está en conformidad con la teoría luterana del hombre que es a la vez justo y pecador, condenada por el Decreto sobre la justificación en el Concilio de Trento (Denz-H, nn. 1551-1583).

La exhortación postsinodal Amoris laetitia es mucho peor que la exposición del cardenal Kasper, contra la que se han dirigido tantas y tan justas críticas en libros, artículos y entrevistas. Monseñor Kasper se limitó a plantear algunas preguntas; Amoris laetitia presenta la respuesta: abre puertas a los divorciados vueltos a casar, canoniza la moral situacionista y pone en marcha un proceso de normalización de todas las convivencias extramaritales.

Teniendo en cuenta que el nuevo documento pertenece al Magisterio ordinario no infalible, es de esperar que sea objeto de un análisis crítico profundo por parte de teólogos y pastores de la Iglesia, sin engañarse pensando que pueda aplicársele la hermenéutica de la continuidad.

Si el texto es catastrófico, más catastrófico es que lo haya firmado el Vicario de Cristo. Ahora bien, para quien ama a Cristo y a su Iglesia, es una buena razón para hablar y no quedarse callado. Hagamos nuestras, pues, las palabras de un valiente mitrado, monseñor Atanasio Schneider: «¡Non possumus! Yo no voy a aceptar un discurso ofuscado ni una puerta falsa, hábilmente ocultada para la profanación del sacramento del Matrimonio y de la Eucaristía. Del mismo modo, no voy aceptar una burla del sexto mandamiento de la Ley de Dios. Prefiero ser ridiculizado y perseguido en lugar de aceptar textos ambiguos y métodos insinceros. Prefiero la cristalina “imagen de Cristo, la Verdad, a la imagen del zorro adornado con piedras preciosas” (S. Ireneo), porque “yo sé a Quién he creído”, “scio cui credidi”» (II Tm 1, 12)» (Rorate Coeli, 2 de noviembre de 2015).

Roberto de Mattei

[Traducido por J.E.F] Fuente: Adelante la fe
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El Obispo Athanasius Schneider responde sobre Amoris Laetitia. Una respuesta SIN AMBIGUEDADES.
04 de Febrero 2017, Guadalajara, Jalisco, México.

La situación acerca de la aplicación de Amoris Laetitia, propiamente la comunión a los divorciados vueltos a casar es muy seria, la confusión es muy evidente no necesita de demostraciones, ésta confusión está creciendo y se está difundiendo siempre más, ...y se trata de una cosa no secundaria.

Se trata de cosas que tocan el centro de nuestra fe y la vida de la Iglesia, en primer lugar el sacramento del matrimonio y con ésta práctica que autoriza que los divorciados que practican actos sexuales fuera del matrimonio válido viola el vínculo matrimonial, sacramental, y trata de darles a ellos la comunión, es una implícita aprobación de divorcio, es una cosa gravísima.

Pero las mismas conferencias episcopales dicen: “No, no cambiamos la doctrina”, el Cardenal Kasper, etcétera y otros de sus compañeros del mismo equipo de futbol, dicen: “No cambiamos la doctrina”, “Estén tranquilos solamente cambiamos un poquito la práctica”.
Entonces es una cosa evidente, Jesús dice: “Aquel que me ama, cumplirá mis Mandamientos”. Y dice otro texto de la Sagrada Escritura: “Aquel que dice amar a Dios, pero no hace lo que Dios quiere (como lo son los Mandamientos) es mentiroso”.

Pero con ésta práctica, de las conferencias episcopales y también felizmente la diócesis de Roma, piensan que Él les dice: “Pero en algunos casos particulares”, pero yo puedo llegar y decir: “Yo también soy un caso particular, ¿Por qué solamente mi vecino?”. Esto se hará con una dinámica natural, esto va a ir creciendo, y no solamente casos particulares. Y si fuera un caso particular, no podemos de ningún modo, ni implícitamente colaborar, como pastores de la Iglesia con la negación o violación de un vínculo matrimonial.

Esto no es posible, aunque sea un solo caso, esto significaría una dispensa (saltarse) de uno de los Mandamientos de Dios: No cometerás adulterio, pero en este caso estos Obispos dicen: “En algunos casos se puede cometer adulterio”.
No, eso es prácticamente admitir a los adúlteros practicantes a la Sagrada Comunión, esto significa: En algunos casos se puede cometer adulterio.

Pero así es en verdad, seamos sinceros, no somos niños seamos sinceros, estos Obispos y conferencias episcopales no son sinceros y honestos con el intelecto de la gente. Ellos deberían decir: “En algunos casos excepcionales, etcétera, se puede cometer actos de adulterio o en algunos casos específicos, se puede dar dispensa a la observancia del sexto Mandamiento de Dios” (Lo menciona el Padre irónicamente).

Entonces, si esto llegase a ser introducido toda la ley moral que Dios nos dio va a ser minada (destruida), en este caso, estos Obispos arremeten contra una ley Divina que ellos deben obedecer, no Dios. Santo Tomás Moro en el siglo XVI y el Cardenal John Fisher, se opusieron al adulterio del rey Enrique VIII en Inglaterra, solamente estos dos hombres, y todo el episcopado de Inglaterra cedió y dijo: “Es un caso excepcional”, más el Cardenal John Fisher y Santo Tomás Moro dijeron públicamente: “Sí, pueden argumentar lo que quieran, más consideren como única verdad que esto contradice las palabras Divinas: Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Contra esto no valen todos los argumentos y palabras bonitas, e igualmente una retórica bonita, ni usando palabras como “misericordia” o “sorpresas del Espíritu Santo” o “nuevos aires frescos”, usando todo este vocabulario para dispensar (ignorar) la observancia del Mandamiento de Dios, y todo para permitir que hermanos y hermanas vivan en pecado, ¿acaso no es cruel? Eso NO es misericordia, ES UN ENGAÑO y esto vale también, lo que estas normas anti- pastorales significan, se adhieren a nuestra voluntad no a la voluntad de Dios, eso es el fondo, debemos ser sinceros, esto NO nos dará salvación, es una cosa muy seria.




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