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viernes, 14 de febrero de 2014

DIÁLOGO ENTRE DIOS MISERICORDIOSO Y EL ALMA PERFECTA

– El alma: Señor y Maestro mío, deseo hablar Contigo.

– Jesús: Habla, porque te escucho en todo momento, niña amada; te espero siempre. ¿De qué deseas hablar Conmigo?

– El alma: Señor, primero derramo mi corazón a tus pies como el perfume de agradecimiento por tantas gracias y beneficios de los cuales me colmas continuamente y los cuales no lograría enumerar aunque quisiera. Recuerdo solamente que no ha habido un solo momento en mi vida en que no haya experimentado Tu protección y Tu bondad.

– Jesús: Me agrada hablar contigo y tu agradecimiento abre nuevos tesoros de gracias, pero, niña Mía, hablemos quizás no tan generalmente, sino en detalles de lo que pesa más sobre tu corazón; hablemos confidencial y sinceramente como dos corazones que se aman mutuamente.

– El alma: Oh mi Señor misericordioso, hay secretos en mi corazón de los cuales no sabe ni sabrá nadie fuera de Ti, porque aunque quisiera decirlos nadie me comprendería. Tu representante sabe algo, dado que me confieso con él, pero tanto cuanto soy capaz de revelarle de estos secretos, lo demás queda entre nosotros por la eternidad, ¡oh Señor mío! Me has cubierto con el manto de Tu misericordia perdonándome siempre los pecados. Ni una sola vez me has negado Tu perdón, sino que teniendo compasión de mí, me has colmado siempre de una vida nueva, la vida de la gracia. Para que no tenga dudas de nada, me has confiado a una cariñosa protección de Tu Iglesia, esta madre verdadera, tierna que en Tu nombre me afirma en las verdades de la fe y vigila que no yerre nunca. Y especialmente en el tribunal de Tu misericordia mi alma experimenta todo un mar de benevolencia. A los ángeles caídos no les has dado tiempo de hacer penitencia, no les has prolongado el tiempo de la misericordia. Oh Señor mío, en el camino de mi vida has puesto a unos sacerdotes santos que me indican una vía segura. Jesús, en mi vida hay un secreto más, el más profundo, pero también el más querido para mí, lo eres Tú mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi corazón. Aquí está todo el secreto de mi santidad. Aquí mi corazón unido al Tuyo se hace uno, aquí ya no hay ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es Tuyo. He aquí la omnipotencia y el milagro de Tu misericordia. Aunque se unieran todas las lenguas humanas y angélicas, no encontrarían palabras suficientes para expresar este misterio del amor y de Tu misericordia insondable. Cuando considero este misterio del amor, mi corazón entra en un nuevo éxtasis de amor y Te hablo de todo, Señor, callando, porque el lenguaje del amor es sin palabras, porque no se escapa ni un solo latido de mi corazón. Oh Señor, a pesar de que Te has humillado tanto, Tu grandeza se ha multiplicado en mi alma y por eso en mi alma se ha despertado un amor todavía más grande hacia Ti, el único objeto de mi amor, porque la vida del amor y de la unión se manifiesta por fuera como: pureza perfecta, humildad profunda, dulce mansedumbre, gran fervor por la salvación de las almas. Oh mi dulcísimo Señor, velas sobre mí en cada momento y me inspiras sobre cómo debo portarme en un caso dado; cuando mi corazón oscilaba entre una  y otra cosa, Tú Mismo intervenías, más de una vez, en solucionar el asunto. Oh, cuántas e innumerables veces, con una luz repentina me hiciste conocer lo que Te agradaba más.

– Oh, qué numerosos son estos perdones secretos de los cuales no sabe nadie. Muchas veces has volcado en mi alma fuerza y valor para avanzar. Tú Mismo eliminabas las dificultades de mi camino interviniendo directamente en la actuación de los hombres. Oh Jesús, todo lo que Te he dicho es una pálida sombra frente a la realidad que hay en mi corazón. Oh Jesús mío, cuánto deseo la conversión de los pecadores. Tú sabes lo que hago por ellos para conquistarlos para Ti. Me duele enormemente cada ofensa hecha contra Ti. Tú sabes que no escatimo ni fuerzas, ni salud, ni vida en defensa de Tu reino. Aunque en la tierra mis esfuerzos son invisibles, pero no tienen menos valor a Tus ojos. Oh Jesús, deseo atraer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que tomen la vivificante agua de vida con el recipiente de la confianza. Si el alma desea experimentar una mayor misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es sin límites, la misericordia de Dios será para ella también sin límites. Oh Señor mío, que conoces cada latido de mi corazón, Tú sabes con qué ardor deseo que todos los corazones latan exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la grandeza de Tu misericordia.

– Jesús: Hija mía amadísima, delicia de Mi Corazón, tu conversación Me es más querida y más agradable que el canto de los ángeles. Todos los tesoros de Mi Corazón están abiertos para ti. Toma de este Corazón todo lo que necesites para ti y para el mundo entero. Por tu amor retiro los justos castigos que la humanidad se ha merecido. Un solo acto de amor puro hacia Mí, Me es más agradable que miles de himnos de almas imperfectas. Un solo suspiro de amor Me recompensa de tantos insultos con los cuales Me alimentan los impíos. Tu más pequeña acción, es decir, un acto de virtud adquiere a Mis ojos un valor inmenso y es por el gran amor que tienes por Mí. En un alma que vive exclusivamente de Mi amor, Yo reino como en el cielo. Mi ojo vela sobre ella día y noche y encuentro en ella Mi complacencia y Mi oído está atento a las súplicas y el murmullo de su corazón y muchas veces anticipo sus ruegos. Oh niña amada por Mí particularmente, pupila de Mi ojo, descansa un momento junto a Mi Corazón y saborea aquel amor del cual te regocijarás durante toda la eternidad.

Pero, hija, aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con Mi gracia y lucha por Mi reino en las almas humanas y lucha como una hija real y recuerda que pronto pasarán los días del destierro y con ellos la oportunidad de adquirir méritos para el cielo. Espero de ti, hija Mía, un gran número de almas que glorifiquen Mi misericordia durante toda la eternidad. Hija Mía, para que respondas dignamente a Mi llamada, recíbeme cada día en la santa Comunión – ella te dará fuerza...

DIÁLOGO ENTRE DIOS MISERICORDIOSO Y EL ALMA QUE TIENDE A LA PERFECCIÓN

– Jesús: Me son agradables tus esfuerzos, oh alma que tiendes a la perfección. Pero ¿por qué tan frecuentemente te veo triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa esta tristeza y cuál es su causa?

– El alma: Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros propósitos caigo continuamente y siempre en los mismos errores. Hago los propósitos por la mañana y por la noche veo cuánto me he desviado de ellos.

– Jesús: Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones.

– El alma: Sí, lo sé todo, pero me asaltan grandes tentaciones y varias dudas se despiertan en mí y además todo me irrita y desanima.

– Jesús: Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que] venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia.

– El alma: Yo reconozco lo que es más perfecto y lo que Te agrada más, pero enfrento grandes obstáculos para cumplir lo que conozco.

– Jesús: Niña Mía, la vida en la tierra es una lucha y una gran lucha por Mi reino, pero no tengas miedo porque no estás sola. Yo te respaldo siempre, así que apóyate en Mi brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la confianza y recoge de la fuente de la vida no sólo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad.

– El alma: Oh Señor, siento que mi corazón se llena de Tu amor, que los rayos de Tu misericordia y Tu amor han penetrado mi alma. Heme aquí, Señor, que voy para responder a Tu llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu gracia; estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente al Tabor, sino también al Calvario. Deseo traer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu misericordia, para que la casa de nuestro Padre esté llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas contra mí, entonces me cubriré con Tu misericordia como con un escudo.

DIÁLOGO DE DIOS MISERICORDIOSO CON EL ALMA QUE SUFRE


– Jesús: Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar Conmigo. Por eso te hablaré sólo Yo, oh alma. Aunque tus sufrimientos fueran grandísimos, no pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero dime, niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dímelo todo, dímelo todo, sé sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de tu santificación.

– El alma: Señor, mis sufrimientos son tan grandes y diversos y duran desde hace tanto tiempo que el desaliento ya empieza a apoderarse de mí.

– Jesús: Niña Mía, no puedes desanimarte; sé que confías en Mí sin límites, sé que conoces Mi bondad y Mi misericordia. Así pues, hablemos, detalladamente de todo lo que pesa más sobre tu corazón.

– El alma: Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar todo esto.

– Jesús: Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues bien, niña Mía, ¿qué es lo que te detiene en el camino de la santidad?

– El alma: La falta de salud me detiene en el camino de la santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues, soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos rigurosos como hacían los santos; además no creen que estoy enferma y al sufrimiento físico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves, Jesús, ¿cómo se puede llegar a ser santa en tales condiciones?

– Jesús: Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al cielo fuera del Vía Crucis. Yo Mismo fui el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es el camino más corto y el más seguro.

– El alma: Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por ser fiel a Ti me persiguen y me hacen sufrir mucho.

– Jesús: Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me persiguió a Mí, esta persecución es la señal de que sigues mis huellas con fidelidad.

– El alma: Señor, me desanima también que ni las Superioras ni el confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar? Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no son para mí.

– Jesús: Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran sufrimiento el de no ser comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades. Por eso Yo mismo me he quedado en la tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu alma para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes cubren tu mente, pues, ¿por qué en tales momentos no vienes a Mí que soy la luz y en un solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad que no aprenderás al leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de enseñar ni iluminar así al alma? Has de saber además que por estas tinieblas de las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial amor a ti y el alto grado de santidad que te destino en el cielo. El alma que sufre es la que más cerca está de Mi Corazón.

– El alma: Pero una cosa más, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y además en los momentos de mayor necesidad?

– Jesús: Niña Mía, has el propósito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad y dices: Hágase en mí, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites.

– El alma: Gracias, oh Señor, por tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con nosotros en este destierro donde vives con nosotros como Dios de la misericordia y difundes alrededor de Ti el resplandor de Tu compasión y bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas. 

DIÁLOGO DE DIOS MISERICORDIOSO CON EL ALMA PECADORA


– Jesús: No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas, hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. Oh, cuánto me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.

– El alma: Señor, oigo Tu voz que me llama a abandonar el mal camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.

– Jesús: Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.

– El alma: Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.

– Jesús: ¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad no Me impide ser misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no me he rodeado ni de séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mí en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.

– El alma: Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me llena de temor.

– Jesús: Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, y por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.

– El alma: Con Tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tú Mismo por la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido a mi pobre alma. Siento que Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su totalidad. Me has perdonado más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuanto era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito a mi corazón, lleno de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal camino como el hijo pródigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.

– Jesús: Hija, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha, niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de la vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe copiosamente de la fuente de la vida y no pararás durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia. 

1486 (82) Diálogo entre Dios misericordioso y el alma desesperada

1486 (82) Diario de Sta Faustina Kowalska.

- Jesús: Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero, desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.

- Jesús vuelve a llamar:  Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso.
En el alma se despierta la respuesta: Para mi ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún mas densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.

Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciego, empieza a afirmarse en la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado en que ella quiere permanecer por la eternidad. Esta gracia sale del Corazón misericordioso de Jesús y alcanza al alma con su luz y el alma empieza a comprender (83) el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la ultima para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el mas pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.

-[Jesús]: Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia.

- Jesús: Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí. Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.

- El alma como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí?  Pregunta llena de temor.

- Jesús: Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia.  Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirá luz, calor y vida.

- El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.

- Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi (84) amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.

- El alma: Oh Señor, sálvame Tú Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón esta desgarrado, pero Tu, Señor…

Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levante del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen [374] en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.

- Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.

- El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mi y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad. Te expresaré todo el dolor de mi corazón.

- Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.

- Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido (85) el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.

Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira mas bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas de debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.

- El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mi.

viernes, 29 de marzo de 2013

Novena a la Divina Misericordia

"En ese día derramaré un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de mi misericordia".
Novena a la Divina Misericordia
Novena a la Divina Misericordia
El Viernes Santo del año 1937, Jesús le pidió a Santa Faustina que rezara una novena especial antes de la Fiesta de la Misericordia, desde el Viernes Santo. Él mismo le dictó las intenciones para cada día. Por medio de una oración específica, ella traería a su Corazón a diferentes grupos de almas cada día y las sumergería en el mar de su misericordia. Entonces, suplicaría al Padre, por el poder de la Pasión de Jesús, que les concediera gracias a estas almas.


Celebración de la Fiesta de la Misericordia

Para observar la Fiesta de la Misericordia, debemos:

1.- Celebrar la Fiesta el domingo después de la Pascua de Resurrección.

2.- Arrepentirnos sinceramente de todos nuestros pecados.

3.- Confiar por completo en Jesús.

4.- Confesarnos preferiblemente antes de ese domingo.

5.- Recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta.

6.- Venerar (hacer un acto o demostración de profundo respeto religioso hacia ella por la persona a quien representa, en este caso a nuestro Señor Jesucristo) la Imágen de la Divina Misericordia.

7.- Ser misericordioso con los demás a través de nuestras acciones, palabras y oraciones a nombre de ellos.


Deseo

Dijo el Señor a Sor Faustina: Durante esos nueve días lleva a las almas a la fuente de mi misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de mi misericordia. Y a todas estas almas yo las introduciré en la casa de mi Padre (…) Cada día pedirás a mi Padre las gracias para estas almas por mi amarga pasión.


NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

Se recomienda que se recen las siguientes intenciones y oraciones de la novena junto con la Coronilla de La Divina Misericordia, ya que Nuestro Señor pidió específicamente una novena de Coronillas, especialmente antes de la Fiesta de la Misericordia.

Cómo rezar la Coronilla a la Divina Misericordia (en un rosario común)

1.- Un Padre nuestro.

2.- Un Ave María.

3.- Un Credo de los Apóstoles.

4.- En la cuenta grande antes de cada decena:

Padre Eterno,
te ofrezco
el Cuerpo y la Sangre,
el Alma y la Divinidad
de tu Amadísimo Hijo,
nuestro Señor Jesucristo.
para el perdón de nuestros pecados
y los del mundo entero.

5.- En las diez cuentas pequeñas de cada decena:

Por su dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros
y del mundo entero.

6.- Al final después de las cinco decenas:

Santo Dios
Santo Fuerte
Santo Inmortal,
ten piedad de nosotros
y del mundo entero.
(tres veces)


PRIMER DÍA

Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de mi misericordia. De esta forma, me consolarás de la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las almas.

Jesús misericordiosísimo, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita. Acógenos en la morada de tu Compasivísimo Corazón y nunca los dejes escapar de él. Te lo suplicamos por tu amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre Eterno, mira con misericordia a toda la humanidad y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el Compasivísimo Corazón de Jesús y por su dolorosa Pasión muéstranos tu misericordia para que alabemos la omnipotencia de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


SEGUNDO DÍA

Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y los religiosos, y sumérgelas en mi misericordia insondable. Fueron ellas las que me dieron fortaleza para soportar mi amarga pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi misericordia fluye hacia la humanidad.

Jesús Misericordiosísimo, de quien procede todo bien, aumenta tu gracia en nosotros para que realicemos dignas obras de misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean, glorifiquen al Padre de misericordia que está en el Cielo.

Padre Eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu viña, a las almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos; otórgales el poder de tu bendición. Por el amor del Corazón de tu Hijo, en el cual están encerradas, concédeles el poder de tu luz para que puedan guiar a otros en el camino de la salvación y a una sola voz canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


TERCER DÍA

Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Estas almas me consolaron a lo largo del vía crucis. Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.

Jesús Misericordiosísimo, que desde el tesoro de tu misericordia les concedas a todos tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de tu Compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por el inconcebible amor tuyo con que tu Corazón arde por el Padre Celestial.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas fieles como herencia de tu Hijo y por su dolorosa Pasión, concédeles tu bendición y rodéalas con tu protección constante para que no pierdan el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la legión de los ángeles y los santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


CUARTO DÍA

Hoy, tráeme a los paganos y aquellos que todavía no me conocen. También pensaba en ellos durante mi amarga pasión y su futuro celo consoló mi Corazón. Sumérgelos en el mar de mi misericordia.

Jesús Compasivísimo, que eres la Luz del mundo entero, acoge en la morada de tu Piadosísimo Corazón a las almas de los paganos y de aquellos que todvía no te conocen. Que los rayos de tu gracia las iluminen para que también ellas, unidas a nosotros, ensalcen tu misericordia admirable y no las dejes salir de la morada de tu Compasivísimo Corazón.

Padre Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa sobre las almas de los paganos y de los que todavía no te conocen, pero que están encerradas en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Atráelas hacia la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


QUINTO DÍA

Hoy, tráeme a las almas de los herejes y cismáticos y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Durante mi amarga Pasión, desgarraron mi Cuerpo y mi Corazón, es decir, mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia, mis llagas cicatrizan y de este modo alivian mi Pasión.

Jesús Misericordiosísimo, que eres la Bondad Misma, tú no niegas la luz a quienes te la piden. Acoge en la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas de los herejes y cismáticos y llévalas con tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes escapar de la morada de tu Compasivísimo Corazón, sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas de los herejes y cismáticos, especialmente a aquellos que han malgastado tus bendiciones y han abusado de tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores, sino el amor de tu Hijo y su amarga Pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están encerrados en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia



SEXTO DÍA

Hoy, tráeme a las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en mi misericordia. Estas son las almas más semejantes a mi Corazón. Ellas me fortalecieron durante mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de mis altares. Sobre ellas derramo torrentes enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir mi gracia; concedo mi confianza a las almas humildes.

Jesús Misericordiosísimo, tú mismo has dicho: "Aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón". Acoge en la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre Celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas tienen una morada permanente en tu Compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas de los niños pequeños que están encerradas en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son las más semejantes a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra y alcanza tu trono. Padre de misericordia y de toda bondad, te suplico por el amor que tienes por estas almas y el gozo que te proporcionan, bendice al mundo entero para que todas las almas canten juntas las alabanzas de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


SÉPTIMO DÍA

Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican mi misericordia de modo especial y sumérgelas en mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron mi Pasión y penetraron más profundamente en mi Espíritu. Ellas son un reflejo viviente de mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con una luz especial en la vida futura. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte.

Jesús Misericordiosísimo, cuyo Corazón es el Amor mismo, acoge en la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en tu misericordia y unidas a ti, ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad. Esta almas no serán juzgadas severamente, sino que tu misericordia las envolverá en la hora de la muerte.

Padre Eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran tu mayor atributo, es decir, tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones desbordantes de gozo cantan a ti, oh Altísimo, un canto de misericordia. Te suplico, oh Dios, muéstrales tu misericordia según la esperanza y la confianza que han puesto en ti. Que se cumpla en ellas la promesa de Jesús quien les dijo que: "a las almas que veneren esta infinita misericordia mía, yo Mismo las defenderé como mi gloria durante sus vidas y especialmente en la hora de la muerte. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


OCTAVO DÍA

Hoy, tráeme a las almas que están detenidas en el purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Que los torrentes de mi Sangre refresquen el ardor del Purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi Justicia. Está en tu poder llevarles el alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con mi Justicia.

Jesús Misericordiosísimo, tú mismo has dicho que deseas la misericordia, he aquí que yo llevo a la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas del Purgatorio, almas que te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adecuada a tu Justicia. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotaron de tu Corazón, apaguen el fuego del Purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de tu misericordia.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el Purgatorio y que están encerradas en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús, tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su Sacratísima Alma fue inundada, muestra tu misericordia a las almas que están bajo tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, tu amadísimo Hijo, ya que creemos que tu bondad y tu compasión no tienen límites. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia


NOVENO DÍA

Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. A causa de las almas tibias, mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de mí este Cáliz, si es tu voluntad. Para ellas, la última tabla de salvación consiste en recurrir a mi misericordia.

Jesús Misericordiosísimo, que eres la compasión misma, te traigo a las almas tibias a la morada de tu Piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de tu amor puro. Oh Jesús Compasivísimo, ejercita la omnipotencia de tu misericordia y atráelas al mismo ardor de tu amor y concédeles el amor santo, porque tú lo puedes todo.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están encerradas en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la Misericordia, te suplico por la amarga Pasión de tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de tu misericordia. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia

Sor Faustina y la Divina Misericordia

viernes, 30 de noviembre de 2012

MENSAJES A STA FAUSTINA KOWALSKA (DIVINA MISERICORDIA) I


1.- ESCRIBE ESTO: Antes de venir como Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombres este signo del cielo. Se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran obscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el gran signo de la Cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del Salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del último día.Oh Sangre y agua que brotaste del Sagrado Corazón de Jesús, como una fuente de Misericordia para nosotros, en Tí confío.
 El viernes, después de la Santa Comunión, fuí trasladada en espíritu delante del trono de Dios. Delante del trono de Dios ví las potencias Celestiales que adoran a Dios sin cesar. Más allá del trono ví una claridad inaccesible a las creaturas. Ahí entra solamente el Verbo Encarnado como intercesor. Cuando Jesús entró en esa claridad, oí estas palabras: Escribe enseguida loq ue vas a oír: Soy el Señor en mi Escencia, y no conozco mandatos ni necesidades. Si llamo a las creaturas a la vida, esto es el abismo de Mi Misericordia.  

2.- Cuando fuí a la adoración, sentí la cercanía de Dios. Después de un momento, ví a Jesús y a María. Esta visión llenó mi alma de alegría y le pregunté al Señor, ¿Cuál es Tu voluntad Jesús, en esta cuestión en la que el confesor me ordena preguntar? Jesús me contestó: Es Mi Voluntad que esté aquí y que no se dispense a sí mismo. Y le pregunté a Jesús si estaba bien la inscripción: "Cristo, Rey de Misericordia". Jesús me contestó: Soy Rey de Misericordia. y no dijo "Cristo". Deseo que esta imagen sea expuesta en público el primer domingo después de la Pascua de Resurrección. Ese domingo es la Fiesta de la Misericordia. A través del Verbo Encarnado doy a conocer el abismo de Mi Misericordia... Has de saber, que si descuidas la cuestión de pintar esta imagen y de toda la obra de la misericordia, el día del juicio responderás de un gran número de almas.

3.- Una vez, deseaba mucho acercarme a la Santa Comunión, pero tenía cierta duda y no me acerqué. Sufrí terriblemente a causa de ello. me parecía que el corazón se me reventaría del dolor. Cuando me dediqué a mis tareas, con el corazón lleno de amargura, de repente Jesús se puso a mi lado y me dijo: Hija mía, no dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente, fuera de esto, no te detengan ningunas dudas en unirte a Mí, en Mi ministerio de Amor. Tus pequeños defectos desaparecerán en Mi amor como una pajita arrojada al gran fuego. Debes saber que me entristeces mucho, cuando no me recibes an la Santa Comunión.

4.- Hoy, Jesús me dijo: Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tú comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación. Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión. Esta oración es la siguiente: "Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en Tí confío.

5.-....Jesús se presentó ante mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos. De repente, el Señor me dijo: La esposa debe asemejarse a su esposo. Entendí estas palabras en profundidad. Aquí no hay lugar para duda alguna. Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y de la humildad. Mira lo que ha hecho conmigo el amor por las almas humanas, hija Mía; en tu corazón encuentro todo lo que Me niega el número tan grande de almas. Tu corazón es un descanso para Mí, muchas veces guardo las gracias grandes para el fin de la plegaria.
Una vez, mientras hacía una novena al Espíritu Santo, el >Señor me contestó: Te lo di a conocer antes de que las Superioras te enviaran aquí; como tú te comportarás con el confesor, así Yo me comportaré contigo. Si te escondes de él, aunque se trate de la más pequeña de Mis gracias, Yo también Me esconderé de tí, y te quedarás sola.

6.- Una vez Jesús me dijo: No te extrañes si a veces sospechan de tí injustamente. Yo por amor a tí, fuí el primero en beber este cáliz de sufrimientos injustos.
Un día, estaba muy conmovida por la eternidad y sus misterios, mi alma empezó a sentir miedo, y después de reflexionar un momento más, empezaron a atormentarme varias dudas. Entonces, Jesús me dijo: Niña Mía, no tengas miedo de la casa de tu Padre. Deja a los sabios de este mundo las investigaciones inútiles. Yo quiero verte siempre como una niña pequeña. Pregúntale todo con sencillez a tu confesor y Yo te contestaré por su boca. Sí, estaré siempre junto a tí si eres siempre una niña pequeña y no tengas miedo de nada; como he sido aquí tu principio, así seré tu fin. No cuentes con ninguna creatura ni siquiera en la cosa más pequeña, ya que eso no Me agrada. Yo quiero estar en tu alma solo. Fortificaré tu alma y le daré luz, y conocerás por la boca de Mi sustituto que Yo estoy en tí, y la inquietud se desvanecerá como una niebla ante los rayos del sol.

7.- Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de estos dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí que se lo preguntaría al Señor.

Durante la Oración oí interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el agua que justifica las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas...
Ambos rayos brotaron de las entrañas de Mi misericordia cuando Mi corazón agonizante fué abierto en la cruz por la lanza.
Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de Pascua se Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia.
+Pide a Mi siervo fiel que en aquel día, hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas.
+La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi Misericordia.
+Oh! Cuánto me hiere la desconfianza del alma. esta alma reconoce que soy Santo y Justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad. También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad.
Mi corazón se alegra de este título de Misericordia.
Proclama que la Misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la Misericordia....



"Escribe de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; ahí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante (SACERDOTE) y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitd. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza algun de restauración, y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde". (diario Sta Faustina pp 510-1448)

Misterio de Amor


 

Del diario de Sta Faustina Kowalska:

...voy a hablarte del mayor misterio de amor hacia mis almas escogidas y consagradas:

 En el momento de instituir la eucaristía vi presente a todas las almas privilegiadas que habían de alimentarse con mi Cuerpo y con mi Sangre y los diferentes efectos producidos en ellas. Para unas seria remedio a su debilidad; para otras fuego que consumiría sus miserias y las inflamaría en mi amor.

 Ah!...esas almas reunidas ante MÍ serán como un inmenso jardín en el que cada planta produce diferente flor, pero todas me recrean con su perfume. Mi sagrado cuerpo será el sol que las reanime.

Me acercare a unas para consolarme, a otras para ocultame, en otras descansare. ¡Si supierais almas amadísimas, cuan fácil es consolar, ocultar y descansar a todo un Dios!.

Este Dios que os ama con amor infinito, después de libraros de la esclavitud del pecado, ha sembrado en vosotras la gracia incomparable de la vocación religiosa, os ha traído de un modo misterioso al jardín de sus delicias. Este Dios redentor vuestro se ha hecho vuestro esposo.

El mismo os alimenta con su Cuerpo purísimo, y con su sangre apaga vuestra sed.

Si estáis enfermas, él es vuestro medico; venid os daré la salud. Si tenéis frió, venid os calentara. En el encontrareis el descanso y la felicidad. No os alejéis de el que es la vida y cuando os pide consuelo no se lo neguéis.

Que amargura sentí en mi corazón cuando vi a tantas almas que después de haberlas colmado de bienens y caricias, había n de ser motivo de tristeza para mi corazón! ¿No soy siempre el mismo?¿Acaso he cambiado para vosotras...?, No yo no cambiare jamás y hasta el fin de los siglos os amare con predilección y con ternura.

Se que estáis llenas de miserias, pero esto no me hará apartar de vosotras mis miradas mas tiernas y con ansia os estoy esperando, no sólo para aliviar vuestras miserias, sino para colmaros de nuevos beneficios.

Si os pido amor no me lo neguéis; es muy fácil amar al que es el Amor mismo. Si os pido algo costoso a vuestra naturaleza, os doy juntamente la gracia y la fuerza necesaria para venceros.

Os he escogido para que seáis mi consuelo. Dejadme entrar en vuestra alma y si no encontráis en ella nada que sea digno de Mi decidme con humildad y confianza; Señor, ya veis los frutos y la flor, que produce mi jardín, venid y decidme que debo hacer para que desde hoy empiece a brotar la flor que deseáis.

Si el alma me dice esto con verdadero deseo de probarme su amor, le responderé:

Alma querida, para que tu jardín produzca hermosas flores deja que yo mismo las cultive: deja que yo labre la tierra, empezaré por arrancar hoy esta raíz que me estorba y que tus fuerzas no alcanzan en quitar.

No te turbes si te pido el sacrificio de tus gustos, de tu carácter... tal acto de caridad, de paciencia de abnegación..., de celo, de mortificación, de obediencia. Ese es el abono que mejorara la tierra y la hará producir flores y frutos.

La victoria sobre tu carácter, en tal ocasión obtendrá luz para un pecador; con esta contrariedad, soportada con alegría; cicatrizara las heridas que me hizo con su pecado, repararas la ofensa y expiaras su falta...

Si no te turbas al recibir esta advertencia y la aceptas con cierto gozo, alcanzaras que las almas a quienes ciega la soberbia, abran los ojos a la luz, y pidan humildemente perdón.

Esto haré yo en tu alma si me dejas trabajar libremente en ella; no solo brotan flores enseguida, sino que darás gran consuelo a mi corazón... voy buscando consuelo y quiero hallarlo en mis almas escogidas.

 PASOS PARA LA CONVERSIÓN Mons. Víctor S. Mercado Pimentel La conversión supone e incluye varios pasos y fases sucesivos: 1.- Reconocimiento del pecado. Sólo el Espíritu Santo con su luz puede darnos conciencia de pecado (Juan 16, 8-9), de otra manera, se reduce a un mero <> o, a la simple confrontación de nuestras acciones con una lista de pecados. Nuestra conversión es obra del Espíritu Santo: sólo Él puede darnos un corazón nuevo para volver a Dios. <> (Jeremías, 15,19). 2.- Arrepentimiento o contrición: Es un dolor de corazón por el pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Es el retorno al hogar, la vuelta a casa, el reencuentro con el Padre. Dolor y tristeza de haber lastimado a quien se ama; pero trsiteza, no como la del mundo que produce muerte, sino trsiteza según Dios, que lleva a la conversión (2Cor 7, 9-10). 3.- Confesión del pecado: Necesitamos reconocer y confesar explícitamente nuestros pecados ante Dios (Esdras 9, 6-15). <> (1Jn 1,9) Necesitamos además, hacer una renuncia explícita a Satanás y a todas sus obras, incluyendo en ella TODO TIPO DE OCULTISMO, ESOTERISMO, ADIVINACIÓN, YOGA, SUPERSTICIÓN. Es necesario confesarse y acudir al sacerdote para recibir la expresión y ratificación del perdón de Dios por la absolución en el sacramento de la reconciliación (Santiago 5,16; Jn 20,23) y para que, recibiendo una oración de liberación, se nos desate de toda atadura y opresión del enemigo. 4.- Reparación y reconciliación: El arrepentimiento, para restaurar la unión de amor con Dios, exige resarcir los daños causados y reconciliarse con el hermano. <> (Hch 26,20; Lc 3, 10-14).

lunes, 9 de julio de 2012

DIALOGO DE DOS MISERICORDIOSO CON EL ALMA QUE SUFRE

PALABRAS DE JESÚS A STA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA EXTRAÍDAS DE SU DIARIO pp.521-532

-Jesús: Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar Conmigo. Por eso te hablaré solo Yo, oh alma. Aunque tus sufrimientos fueran grandísimos, no pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero dime niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dímelo todo, sé sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón. Yo las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de tu santificación.

-El alma: Señor, mis sufrimientos son tan grandes y diversos y duran desde hace tanto tiempo que el desaliento empieza ya a apoderarse de mí.

-Jesús: Niña Mía, no puedes desanimarte; sé que confías en Mí sin límites, sé que conoces Mi bondad y Mi misericordia. Así pues, hablemos, detalladamente de todo lo que pesa más sobre tu corazón.

-El alma: Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar todo esto.

-Jesús: Háblame, simplemente como se habla entre amigos. niña Mía, ¿qué es lo que te detiene en el camino de la santidad?

-El alma: La falta de salud me detiene en el camino de la santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues, soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos rigurosos como hacían los santos; además no creen que estoy enferma y al sufrimiento físico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves Jesús, ¿Cómo se puede llegar a ser santa en esas condiciones?

-Jesús: Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al cielo fuera del Vía Crucis. Yo Mismo fuí el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es el camino más corto y el más seguro.

-El alma: Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por ser fiel a Tí me persiguen y me hacen sufrir mucho.

-Jesús: Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me persiguió a Mí, ésta persecución es la señal de que sigues Mis huellas con fidelidad.

-El alma: Señor, me desanima también que ni las Superioras ni el confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar? Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no son para mí.

-Jesús: Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran sufrimiento el de no ser comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades. Por eso Yo mismo me he quedado en la tierra para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes nublan tu mente, pues, ¿porqué en tales momentos no vienes a Mí que soy la luz, y en un solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad que no aprenderás al leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de enseñar ni iluminar así al alma. Has de saber además que por estas tinieblas de las que te quejas he pasado primero Yo por tí, en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial amor por tí y el alto grado de santidad que te destino en el cielo. El alma que sufre es la que más cerca está de Mi Corazón.

-El alma: Pero una cosa más, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y además en los momentos de mayor necesidad?

- Jesús: Niña Mía, haz el propósito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mí Voluntad y dices: Hágase en mí, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según Tu Voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del corazón, en un solo instante elevan al alama a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de tí para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites.

-El alma: Gracias, oh Señor, por Tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con nosotros como Dios de la Misericordia y difundes alrededor ed Tí el resplandor de tu compasión t Tu bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas.





DIÁLOGO DE DIOS MISERICORDIOSO CON EL ALMA DESESPERADA


DIÁLOGO DE DIOS MISERICORDIOSO CON EL ALMA DESESPERADA


PALABRAS DE JESÚS A STA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA EXTRAÍDAS DE SU DIARIO pp.521-532


-Jesús: Oh, alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con Tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero el alma desgraciadamente, permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.

-Jesús vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre Misericordioso.

En el alma se despierta la respuesta: Para mí ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún más densas, en una especie de desesperación que le da anticipada sensación del infierno y la hace totalmente incapaz de acercarse a Dios. Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciega, empieza a afirmarse en la dureza y en la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la Misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado en que ella quiere permanecer, por la eternidad. Esta gracia sale del Corazón Misericordioso de Jesús y alcanza al alma con Su Luz y el alma empieza a comprender el esfuerzo de Dios. Pero la conversión depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la última para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el más pequeño, la Misericordia de Dios realizará el resto.

-Jesús: Aquí actúa la omnipotencia de Mi Misericordia, felíz el alma que aproveche esta gracia.

-Jesús: Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí. Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.

El alma como si se despertara: ¿Es posible que todavía haya misericordia para mí? pregunta llena de temor.

-Jesús: Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi Misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en tí, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida.

-El alma: Sin embargo me invade el miedo tan solo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar de Tu bondad.

-Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi Corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi Amor y Mi Misericordia no te fías de Mi Bondad

-El alma: Oh Señor, sálvame Tú mismo, porque estoy pereciendo, sé mi Salvador. Oh señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú Señor....

Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón y todos los pecados desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, destruídos por el ardor del amor.

-Jesús: He aquí oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de Él todo lo que necesites.

-El Alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mí y ante todo siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu Misericordia; animada por Tu bondad, te expresaré todo el dolor de mi corazón.

-Jesús: Dí todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.

-Oh Señor, ahora veo toda la ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.

Jesús interrumpe las palabras del alma y dice: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar, mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo lo soy contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.


-El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Ten compasión de mí.