martes, 30 de julio de 2013

¿Qué es la Nueva Era?

Por Marino Restrepo



En términos religiosos, se refiere a fuerzas del mal que se manifiestan en un lenguaje espiritual ue imita la Luz y la Sabiduría de Dios para confundir al creyente y llevarlo por un camino ilusorio, donde en una innumerable gama de coloridas profundas filosofías paganas, mágicas, esotéricas y supersticiosas le inicia en un rito de adorción a la creación y a las criaturas, separándolo astutamente de adorar a Dios directamente; amputándolo severamente del Primer Mandamiento. Esta fuerza fantástica es tan letal para el creyente débil en su estructura doctrinal y espiritual de la fe en Cristo, que lo arrastra con una facilidad hechizante lejos de la Verdad, lejos de la Luz.

Coloca el alma en un territorio de grave pecado, considerado por Dios mismo como una ABOMINACION (Deuteronomio 18). Cualquiera de esta prácticas, aun hecha por diversión, por imprudencia o ignorancia, puede abrir un puente fatal para la entrada del demonio. (Ctecismo de la Iglesia Católica #2116, 2117).

Cada ciclo de la humnidad desde el principio del destierro terrenal como conscecuencia del pecado original, es acompañado de una inevitable batalla contra las fuerzas de Satanás, el enemigo acérrimo de las almas de Dios. Estos ciclos llevan un lenguaje peculiar de sus tiempos. El diablo se disfraza con la cultura, la educación, y las tradiciones de cada época humana, haciéndose invisible en principio a aquellas almas incautas que viven una relción débil con Dios, que están separadas voluntarimente de la relación con Él, o simplemente no le conocen, colocándolas en un territorio vulnerable en el cual, pueden ser ilusionadas o engañadas por sus obras de maldad. Las alma fieles a Dios no pueden ver al diablo en forma directa, solo en casos excepcionales, como sucede con los místicos, pero sí pueden ver sus obras malignas y reconocer sus tentaciones por el disernimiento del cual gozan por su fidelidad a la Verdad. De esta manera, la fidelidad está protegida del mal.

 La Nueva Era comienza con la caída de Adán y Eva, con el pecado original. Al ser arrojados del Paraíso y Dios colocar el Querubín y la espada de fuego mirando al oriente del Paraíso (para guardar el camino hacia el árbol de la vida, evitando al hombre acercarse a él. (Gen 3, 24), se coloca a la humanidad entera, osea toda la descendencia de los primeros padres Adán y Eva, en un territorio de destierro cuyo príncipe es Satanás (como lo encontramos claramente revelado por Nuestro Señor Jescristo en Lc 4, 5-8, en las tentaciones de Jesús en el desierto. Satanás mostrándole todos los reinos de mundo a Jesús desde una montaña muy alta le dijo: "Todo esto me ha sido dado a mí, si te postras y me adoras, te lo daré todo a tí". Ahí constata el Evangelio la dura realidad humana del enemigo que tenemos y el poder que él tiene sobre el pecador  no arrepentido, infiel a la Ley de Dios, separado de la Doctrina de la Fe en Cristo. Enemigo que atormenta también a las almas fieles por medio de las más continuas acechanzas y tentaciones de toda naturaleza, durante la vida terrenal y aún en la purificación de la pena temporal del Purgatorio, para las almas que no lograron la santidad durante la vida terrenal y fueron excentas de la condenación eterna por la Misericordia del Juez Divino Nuestro Señor Jesucristo (1Cor, 3, 13-14).

 La batalla en esta vida terrenal es la vida o la muerte eterna y tenemos un enemigo que no duerme, que no escatima nunguna oportunidad para arrojarnos a nuestrtas debilidades y maas tendencias del alma y corazón. Esta ley no cambiará o cesará hasta el día en que regrese triunfante el Señor Jesús en medio de Sus Ángeles, quien dará fin a la Nueva Era de Satanás, instaurando Su reino Celestial entre todos los hombres y arrojando  la serpiente mala, Satanás, a los más profundos abismos con todo su ejército del mal. Es la espera de la PARUSÍA, la esperanza viva de todo cristiano bautizado.

Tratar este tema de la Nueva Era no es nada sencillo, pues es nda menos que penetrar en un territorio minado por el enemigo del alma que quiere evitar a toda costa la posibilidad que tienen todas las almas de alcanzar la salvación eterna. Es romper una telaraña que ha sido tejida hasta el retorno del Señor Jesús.

Es muy común en la Iglesia Católica  Renovada de hoy, escuchar este tema y es ún más común encontrar una serie de libros que lo tratan. En su mayoría, la información que se encuentra al respecto, pero muy escas, es meramente histórica o de carácter descriptivo en relación con las diferentes prácticas que parecen ser de origen diabólico. Estos tratados no prsentan soluciones a los problemas que estas prácticas acarrean, o información práctica y objetiva para detectar el grado de contaminación o de relación a nivel personal que pueda tener cada individuo interesado en enfrentarse a este disernimiento, en forma sincera y decidida. No enseñan a cambiar y dejar toda relación mágica, esotérica y supresticiosa ue impida una relación pura con Dios.

El diablo llegará a explotar el orgullo de la riqueza intelectual del letrado, del acdémico, del teólogo, del filósofo para convertir el tratdo en una simple farsa intelectual de carácter vanidoso, convirtiéndolo en un libro más de la Nueva Era Esto solo terminará perturbando e ánimo del católico tibio, confundiendo al débil en la fe, y desilusionando al guerrero que anda en busca del agua Verdadera de la vida, que sólo corre de la fuente de Dios por ríos de humildad, de entrega desinteresada.

Hay que comenzar por aceptar nuestra voluntaria entrega en el pasado, a una relación con un sinúmero de áreas oscuras con las que hemos negociado buscando beneficios temporales de índole únicamente material. Ests relaciones nos han colmado de maleza lo suficientemente alta co para necesitar una podada de bosque interior de gran magnitud, y le han abonado el terreno al enemigo para sentirse en casa y desde esa selva que ya ha sembrado en nuestro interior, sea el promotor libre de toda clase de propuestas que no cesan de umergirnos cad vez más en el abismo de la oscuridad espiritual del pecado. A pesar de estar el creyente, en muchos casos, en medio de una conversión drástica y sincera, el desmontar a maleza sembrada por el diablo es tarea minuciosa y de mucho trabajo, pues no sabemos hasta dónde le hemos permitido penetrar en nuestro interior. Tanto el alma como el enemigo del alma son invisibles, por lo tanto el trabajo de nosotros es de caracter invisible.

 Con esta actitud y un decidido precepro de triunfo sobre Satanás, lograremos escalar un poco hacia las alturas del Espíritu Divino, con un poco más de luz, con un poco más de esperanza, con un corazón más caritativo y con una consciencia clara sobre el verdadero camino en Jesucristo.

 El territorio de la Nueva Era es tan extenso como la historia misma del destierro humano.

FUENTE: Los Católicos y el impacto de la Nueva Era, Marino Restrepo Hernández, Ed Fundación Jesús de la Misericordia, pp 9-15.

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