martes, 10 de septiembre de 2013

Septiembre 17: Impresión de las Llagas del Seráfico Padre San Francisco de Asís. Sagrado Monte Alvernia, 1224.

Se celebra hoy la memoria del inaudito prodigio y don concedido por Dios a San Francisco en el monte de laVerna. Los Estigmas son el sello divino de aquel empeño de imitación de Cristo que él buscaba con todas sus fuerzas desde el día de su conversión. Dios lo presenta al mundo como ejemplo de vida cristiana, como invitación a seguir el Evangelio. Francisco tenía a Cristo en el corazón, en los miembros y en los labios, y Cristo le imprimió el último sello también en sus miembros.

Era la madrugada del 14 de septiembre de 1224, fiesta de la Exaltación de la Cruz, y San Francisco oraba con un ímpetu nuevo: “Oh Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido que me hagas antes de que muera: la primera, sentir en mi alma y en mi cuerpo cuanto es posible el dolor que tú, dulce Jesús, soportaste en la hora de tu acerbísima pasión; la segunda, sentir en mi corazón cuanto es posible, aquel extraordinario amor del cual tú, Hijo de Dios, estabas inflamado hasta soportar gustoso una pasión tan grande por nosotros pecadores”.

Desde la profundidad del cielo deslumbrante, San Francisco vio venir un Serafín con seis alas de llamas: dos que iban unidas a su cabeza, dos cubrían todo su cuerpo, y dos se abrían para volar. En aquel Serafín alado destellaba la felicidad de ver al Señor y el dolor de verlo crucificado, un admirable ardor devoró su alma e invadió su cuerpo, quedando con dolorosas heridas en los pies, las manos, el costado, mientras una voz le decía: “¿Sabes lo que te he hecho? Te he dado los Estigmas que son los signos de mi Pasión, para que tú seas mi adalid”.

El Serafín alado desapareció, el dolor cesó y cuando después de mucho rato San Francisco volvió en sí, sintió las manos bañadas y un riachuelo cálido le corría por el costado izquierdo. Miró: era sangre. Trató de levantarse, pero los pies no lo sostenían. Sentado en tierra bajo el abrazo verde de los árboles, se miró las manos, se miró los pies, y los vio traspasados por clavos de carne, negros como el hierro, con gruesas cabezas redondas que sobresalían en las palmas de las manos y en las plantas de los pies. Se abrió la túnica, miró el pecho al lado izquierdo, donde sentía un dolor que le llegaba al corazón, y descubrió una herida como de una lanza, roja y sangrante. Eran las llagas de que había hablado el Serafín. Por lo tanto había sido escuchado! El amor lo había transformado en el Amado, porque uno se convierte en aquello que ama. Mientras el Serafín se aparecía a Francisco, una luz brillante aureolaba la cima de la Verna, iluminando los montes y valles de alrededor.

CONSIDERACIÓN III
Aparición del serafín
e impresión de las llagas a San Francisco

En cuanto a la tercera consideración, que es la de la aparición del serafín y de la impresión de las llagas, se ha de considerar que, estando próxima la fiesta de la cruz de septiembre (1), fue una noche el hermano León, a la hora acostumbrada, para rezar los maitines con San Francisco. Lo mismo que otras veces, dijo desde el extremo de la pasarela: Domine, labia mea aperies, y San Francisco no respondió. El hermano León no se volvió atrás, como San Francisco se lo tenía ordenado, sino que, con buena y santa intención, pasó y entró suavemente en su celda; no encontrándolo, pensó que estaría en oración en algún lugar del bosque. Salió fuera, y fue buscando sigilosamente por el bosque a la luz de la luna. Por fin oyó la voz de San Francisco, y, acercándose, lo halló arrodillado, con el rostro y las manos levantadas hacia el cielo, mientras decía lleno de fervor de espíritu:

-- ¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío? Y ¿quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?

Y repetía siempre las mismas palabras, sin decir otra cosa. El hermano León, fuertemente sorprendido de lo que veía, levantó los ojos y miró hacia el cielo; y, mientras estaba mirando, vio bajar del cielo un haz de luz bellísima y deslumbrante, que vino a posarse sobre la cabeza de San Francisco; y oyó que de la llama luminosa salía una voz que hablaba con San Francisco; pero el hermano León no entendía lo que hablaba. Al ver esto, y reputándose indigno de estar tan cerca de aquel santo sitio donde tenía lugar la aparición y temiendo, por otra parte, ofender a San Francisco o estorbarle en su consolación si se daba cuenta, se fue retirando poco a poco sin hacer ruido, y desde lejos esperó hasta ver el final. Y, mirando con atención, vio cómo San Francisco extendía por tres veces las manos hacia la llama; finalmente, al cabo de un buen rato, vio cómo la llama volvía al cielo.

Marchóse entonces, seguro y alegre por lo que había visto, y se encaminó a su celda. Como iba descuidado, San Francisco oyó el ruido que producían sus pies en las hojas del suelo, y le mandó que le esperase y no se moviese. El hermano León obedeció y se estuvo quieto esperándole; tan sobrecogido de miedo, que, como él lo refirió después a los compañeros, en aquel momento hubiera preferido que lo tragara la tierra antes que esperar a San Francisco, por pensar que estaría incomodado contra él; porque ponía sumo cuidado en no ofender a tan buen padre, no fuera que, por su culpa, San Francisco le privase de su compañía. Cuando estuvo cerca San Francisco, le preguntó:

-- ¿Quién eres tú?

-- Yo soy el hermano León, Padre mío -respondió temblando de pies a cabeza.

-- Y ¿por qué has venido aquí, hermano ovejuela? -prosiguió San Francisco-. ¿No te tengo dicho que no andes observándome? Te mando, por santa obediencia, que me digas si has visto u oído algo.

El hermano León respondió:

-- Padre, yo te he oído hablar y decir varias veces: «¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío?» y «¿Quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?»

Cayendo entonces de rodillas el hermano León a los pies de San Francisco, se reconoció culpable de desobediencia contra la orden recibida y le pidió perdón con muchas lágrimas. Y en seguida le rogó devotamente que le explicara aquellas palabras que él había oído y le dijera las otras que no había entendido.

Entonces, San Francisco, en vista de que Dios había revelado o concedido al humilde hermano León, por su sencillez y candor, ver algunas cosas, condescendió en manifestarle y explicarle lo que pedía, y le habló así:

-- Has de saber, hermano ovejuela de Jesucristo, que, cuando yo decía las palabras que tú escuchaste, mi alma era iluminada con dos luces: una me daba la noticia y el conocimiento del Creador, la otra me daba el conocimiento de mí mismo. Cuando yo decía: «¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío?», me hallaba invadido por una luz de contemplación, en la cual yo veía el abismo de la infinita bondad, sabiduría y omnipotencia de Dios. Y cuando yo decía: «¿Quién soy yo», etc.?, la otra luz de contemplación me hacía ver el fondo deplorable de mi vileza y miseria. Por eso decía: «¿Quién eres tú, Señor de infinita bondad, sabiduría y omnipotencia, que te dignas visitarme a mí, que soy un gusano vil y abominable?» En aquella llama que viste estaba Dios, que me hablaba bajo aquella forma, como había hablado antiguamente a Moisés. Y, entre otras cosas que me dijo, me pidió que le ofreciese tres dones; yo le respondí: «Señor mío, yo soy todo tuyo. Tú sabes bien que no tengo otra cosa que el hábito, la cuerda y los calzones, y aun estas tres cosas son tuyas; ¿qué es lo que puedo, pues, ofrecer o dar a tu majestad?» Entonces Dios me dijo: «Busca en tu seno y ofréceme lo que encuentres». Busqué, y hallé una bola de oro, y se la ofrecí a Dios; hice lo mismo por tres veces, pues Dios me lo mandó tres veces; y después me arrodillé tres veces, bendiciendo y dando gracias a Dios, que me había dado alguna cosa que ofrecerle. En seguida se me dio a entender que aquellos tres dones significaban la santa obediencia, la altísima pobreza y la resplandeciente castidad, que Dios, por gracia suya, me ha concedido observar tan perfectamente, que nada me reprende la conciencia. Y así como tú me veías meter la mano en el seno y ofrecer a Dios estas tres virtudes, significadas por aquellas tres bolas de oro que me había puesto Dios en el seno, así me ha dado Dios tal virtud en el alma, que no ceso de alabarle y glorificarle con el corazón y con la boca por todos los bienes y todas las gracias que me ha concedido. Estas son las palabras que has oído y aquel elevar las manos por tres veces que has visto. Pero guárdate bien, hermano ovejuela, de seguir espiándome; vuélvete a tu celda con la bendición de Dios. Y ten buen cuidado de mí, porque, dentro de pocos días, Dios va a realizar cosas tan grandes y maravillosas sobre esta montaña, que todo el mundo se admirará; cosas nuevas que Él nunca ha hecho con creatura alguna en este mundo.

Dicho esto, se hizo traer el libro de los evangelios, pues Dios le había sugerido interiormente que, al abrir por tres veces el libro de los evangelios, le sería mostrado lo que Dios quería obrar en él. Traído el libro, San Francisco se postró en oración; cuando hubo orado, se hizo abrir tres veces el libro, por mano del hermano León, en el nombre de la Santísima Trinidad; y plugo a la divina voluntad que las tres veces se le pusiese delante la pasión de Cristo. Con ello se le dio a entender que como había seguido a Cristo en los actos de la vida, así le debía seguir y conformarse a él en las aflicciones y dolores de la pasión antes de dejar esta vida (2).

A partir de aquel momento comenzó San Francisco a gustar y sentir con mayor abundancia la dulzura de la divina contemplación y de las visitas divinas. Entre éstas tuvo una que fue como la preparación inmediata a la impresión de las llagas, y fue de este modo: El día que precede a la fiesta de la Cruz de septiembre, hallándose San Francisco en oración recogido en su celda, se le apareció el ángel de Dios y le dijo de parte de Dios:

-- Vengo a confortarte y a avisarte que te prepares y dispongas con humildad y paciencia para recibir lo que Dios quiera hacer en ti.

Respondió San Francisco:

-- Estoy preparado para soportar pacientemente todo lo que mi Señor quiera de mí.

Dicho esto, el ángel desapareció.

Llegó el día siguiente, o sea, el de la fiesta de la Cruz (3), y San Francisco muy de mañana, antes de amanecer, se postró en oración delante de la puerta de su celda, con el rostro vuelto hacia el oriente; y oraba de este modo:

-- Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido me concedas antes de mi muerte: la primera, que yo experimente en vida, en el alma y en el cuerpo, aquel dolor que tú, dulce Jesús, soportaste en la hora de tu acerbísima pasión; la segunda, que yo experimente en mi corazón, en la medida posible, aquel amor sin medida en que tú, Hijo de Dios, ardías cuando te ofreciste a sufrir tantos padecimientos por nosotros pecadores.

Y, permaneciendo por largo tiempo en esta plegaria, entendió que Dios le escucharía y que, en cuanto es posible a una pura creatura, le sería concedido en breve experimentar dichas cosas.

Animado con esta promesa, comenzó San Francisco a contemplar con gran devoción la pasión de Cristo y su infinita caridad. Y crecía tanto en él el fervor de la devoción, que se transformaba totalmente en Jesús por el amor y por la compasión. Estando así inflamado en esta contemplación, aquella misma mañana vio bajar del cielo un serafín con seis alas de fuego resplandecientes. El serafín se acercó a San Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo.

Ante tal visión, San Francisco quedó fuertemente turbado, al mismo tiempo que lleno de alegría, mezclada de dolor y de admiración. Sentía grandísima alegría ante el gracioso aspecto de Cristo, que se le aparecía con tanta familiaridad y que le miraba tan amorosamente; pero, por otro lado, al verlo clavado en la cruz, experimentaba desmedido dolor de compasión. Luego, no cabía de admiración ante una visión tan estupenda e insólita, pues sabía muy bien que la debilidad de la pasión no dice bien con la inmortalidad de un espíritu seráfico. Absorto en esta admiración, le reveló el que se le aparecía que, por disposición divina, le era mostrada la visión en aquella forma para que entendiese que no por martirio corporal, sino por incendio espiritual, había de quedar él totalmente transformado en expresa semejanza de Cristo crucificado (4).

Durante esta admirable aparición parecía que todo el monte Alverna estuviera ardiendo entre llamas resplandecientes, que iluminaban todos los montes y los valles del contorno como si el sol brillara sobre la tierra. Así, los pastores que velaban en aquella comarca, al ver el monte en llamas y semejante resplandor en torno, tuvieron muchísimo miedo, como ellos lo refirieron después a los hermanos, y afirmaban que aquella llama había permanecido sobre el monte Alverna una hora o más. Asimismo, al resplandor de esa luz, que penetraba por las ventanas de las casas de la comarca, algunos arrieros que iban a la Romaña se levantaron, creyendo que ya había salido el sol, ensillaron y cargaron sus bestias, y, cuando ya iban de camino, vieron que desaparecía dicha luz y nacía el sol natural.

En esa aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:

-- ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que yo he hecho? Te he hecho el don de las llagas, que son las señales de mi pasión, para que tú seas mi portaestandarte (5). Y así como yo el día de mi muerte bajé al limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas mis llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las almas que encuentres allí de tus tres Ordenes, o sea, de los menores, de las monjas y de los continentes (6), y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la gloria del paraíso, a fin de que seas conforme a mí en la muerte como lo has sido en la vida.

Cuando desapareció esta visión admirable, después de largo espacio de tiempo y de secreto coloquio, dejó en el corazón de San Francisco un ardor desbordante y una llama de amor divino, y en su carne, la maravillosa imagen y huella de la pasión de Cristo. Porque al punto comenzaron a aparecer en las manos y en los pies de San Francisco las señales de los clavos, de la misma manera que él las había visto en el cuerpo de Jesús crucificado, que se le apareció bajo la figura de un serafín. Sus manos y sus pies aparecían, en efecto, clavados en la mitad con clavos, cuyas cabezas, sobresaliendo de la piel, se hallaban en las palmas de las manos y en los empeines de los pies, y cuyas puntas asomaban en el dorso de las manos y en las plantas de los pies, retorcidas y remachadas de tal forma, que por debajo del remache, que sobresalía todo de la carne, se hubiera podido introducir fácilmente el dedo de la mano, como en un anillo. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras.

Asimismo, en el costado derecho aparecía una herida de lanza, sin cicatrizar, roja y ensangrentada, que más tarde echaba con frecuencia sangre del santo pecho de San Francisco, ensangrentándole la túnica y los calzones. Lo advirtieron los compañeros antes de saberlo de él mismo, observando cómo no descubría las manos ni los pies y que no podía asentar en tierra las plantas de los pies, y cuando, al lavarle la túnica y los calzones, los hallaban ensangrentados; llegaron, pues, a convencerse de que en las manos, en los pies y en el costado llevaba claramente impresa la imagen y la semejanza de Cristo crucificado.

Y por mucho que él anduviera cuidadoso de ocultar y disimular esas llagas gloriosas, tan patentemente impresas en su carne, viendo, por otra parte, que con dificultad podía encubrirlas a los compañeros sus familiares, mas temiendo publicar los secretos de Dios, estuvo muy perplejo sobre si debía manifestar o no la visión seráfica y la impresión de las llagas. Por fin, acosado por la conciencia, llamó junto a sí a algunos hermanos de más confianza, les propuso la duda en términos generales, sin mencionar el hecho, y les pidió su consejo. Entre ellos había uno de gran santidad, de nombre hermano Iluminado (7); éste, verdaderamente iluminado por Dios, sospechando que San Francisco debía de haber visto cosas maravillosas, le respondió:

-- Hermano Francisco, debes saber que, si Dios te muestra alguna vez sus sagrados secretos, no es para ti sólo, sino también para los demás; tienes, pues, motivo para temer que, si tienes oculto lo que Dios te ha manifestado para utilidad de los demás, te hagas merecedor de reprensión.

Entonces, San Francisco, movido por estas palabras, les refirió, con grandísima repugnancia, la sobredicha visión punto por punto, añadiendo que Cristo durante la aparición le había dicho ciertas cosas que él no manifestaría jamás mientras viviera (8).

Si bien aquellas llagas santísimas, por haberle sido impresas por Cristo, eran causa de grandísima alegría para su corazón, con todo le producían dolores intolerables en su carne y en los sentidos corporales. Por ello, forzado de la necesidad, escogió al hermano León, el más sencillo y el más puro de todos, para confiarle su secreto; a él le dejaba ver y tocar sus santas llagas y vendárselas con lienzos para calmar el dolor y recoger la sangre que brotaba y corría de ellas. Cuando estaba enfermo, se dejaba cambiar con frecuencia las vendas, aun cada día, excepto desde la tarde del jueves hasta la mañana del sábado, porque no quería que le fuese mitigado con ningún remedio humano ni medicina el dolor de la pasión de Cristo que llevaba en su cuerpo durante todo ese tiempo en que nuestro Señor Jesucristo había sido, por nosotros, preso, crucificado, muerto y sepultado. Sucedió alguna vez que, cuando el hermano León le cambiaba la venda de la llaga del costado, San Francisco, por la violencia del dolor al despegarse el lienzo ensangrentado, puso la mano en el pecho del hermano León; al contacto de aquellas manos sagradas, el hermano León sintió tal dulzura, que faltó poco para que cayera en tierra desvanecido.

Finalmente, por lo que hace a esta tercera consideración, cuando terminó San Francisco la cuaresma de San Miguel Arcángel, se dispuso, por divina inspiración, a regresar a Santa María de los Ángeles. Llamó, pues, a los hermanos Maseo y Ángel y, después de muchas palabras y santas enseñanzas, les recomendó aquel monte santo con todo el encarecimiento que pudo, diciéndoles que le convenía volver, juntamente con el hermano León, a Santa María de los Ángeles. Dicho esto, se despidió de ellos, los bendijo en nombre de Jesucristo crucificado y, condescendiendo con sus ruegos, les tendió sus santísimas manos, adornadas de las gloriosas llagas, para que las vieran, tocaran y besaran. Dejándolos así consolados, se despidió de ellos y emprendió el descenso de la montaña santa (9).

En alabanza de Cristo. Amén.

1) La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre.

2) El relato viene de 1 Cel 92s, pero el autor de las Consideracionesha tenido delante, más bien, la LM 13,2.

3) El autor de las Consideraciones fija con precisión la lecha de la impresión de las llagas: el 14 de septiembre. Tomás de Celano no da ninguna fecha; San Buenaventura se limita a decir: «un día próximo a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz» (LM 13,3). La fiesta litúrgica ha venido celebrándose el 17 de septiembre.

4) Es la idea reiteradamente expresada por San Buenaventura, a quien sigue casi literalmente el autor (cf. LM 13,3): Francisco anheló durante toda su vida el martirio por Cristo; no logró el martirio corporal, pero Cristo le reservaba otro martirio más meritorio: el de su transformación en el Crucificado.

5) En italiano, gonfaloniere. Es otra de las ideas de San Buenaventura: «Cristo le entregó su estandarte, esto es, la señal del Crucificado».

6) Las tres Ordenes de San Francisco: Menores, Clarisas y Terciarios. Estamos ante otra revelación, fruto tardío de la fantasía de ciertos ambientes conventuales, en que las glorias de la Orden suponían más que la imitación sincera del humilde Poverello.

7) El hermano Iluminado de Rieti, que había sido compañero del Santo en Egipto.

8) El texto de Actus 9,71 termina el relato de la estigmatización con estas palabras: «Estos hechos los supo el hermano Jacobo de Massa de boca del hermano León, y el hermano Hugolino de Monte Santa María los supo de boca de dicho hermano Jacobo, y yo, que lo escribo, de boca del hermano Hugolino, hombre enteramente digno de fe».

9) Fue el 30 de septiembre de 1224.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Causas y consecuencias de andar con brujos, guijas, santeros etc...

El DEMONIO TRAS EL TAROT. 

El impacto de la New Age, así como los recursos del tarot, la magia o distintas formas de esoterismo; 

resultan una puerta abierta a la entrada del Demonio.

según aseguraron varios exorcistas reunidos en al ciudad de México Durante el Tercer Congreso Nacional de Exorcistas organizado por la Arquidiócesis de México.


el exorcista y profesor de la Pontificia Universidad Regina Apostolorum de Roma Francesco Bamonte

aseguró que entre las posibles causas de posesión diabólica se encuentran la asunción de actitudes supersticiosas, 

practicar el ocultismo o el esoterismo e involucrarse en la corriente neopagana del New Age y recurrir a la difundida práctica de la lectura de las cartas y el tarot. 


Causas de la posesión: 


En la opinión del padre Bamonte, la acción extraordinaria del demonio tiene tres posibles causas: 


La primera de ella

constató el sacerdote:

"tiene que ver con la propia culpa" 

Esto es cuando se asumen actitudes supersticiosas, además de ejercer prácticas de ocultismo, pertenecer a sectas satánicas o esotéricas

involucrarse en la corriente del New Age o creer en el poder de los talismanes, de las pirámides de energía, la cartomancia o el tarot


En segundo lugar 

el exorcista destacó que las posesiones diabólicas pueden ser causadas por una BRUJERÍA o maleficio elaborado o mandado a realizar por una tercera persona. 


la tercera y última causa 

se encuentra en un llamado especial de Dios para que la persona ofrezca su sufrimiento en las garras del demonio por la salvación de otras almas, 

agregó el sacerdote italiano. 


El exorcista, que dedica gran parte de su actividad pastoral a la ayuda a las víctimas de la magia (negra o blanca) y de los operadores de lo oculto, advirtió a los participantes en el encuentro que, 

muchos de los signos de la posesión pueden confundirse con enfermedades mentales, es necesario una evaluación de cada caso con la mayor prudencia posible Así, 

entre los signos de una real posesión diabólica señaló el exorcista, se encuentran: 

el "hablar, comprender, escribir y leer idiomas desconocidos por la persona; 

conocer circunstancias que le son imposibles de saber al poseso, como pecados del exorcista u otra persona; tener una fuerza desmedida, etc. 

Pero, sobre todo añadió, la aberración por lo sagrado, por Dios, por la Iglesia. 


Exorcistas españoles En nuestro país, existen al menos cinco que realizan funciones de exorcistas con permiso del obispo del lugar. 

El más conocido es Juan Antonio Fortea, autor de diversos manuales sobre exorcismo y que recientemente participó en la presentación del filme 

El exorcismo de Emily Rose, basado en una historia real.


 Fortea señaló que esta práctica del esoterismo, cartomancia, ocultismo, espiritismo, está creciendo en todo el mundo

El sacerdote explicó que la posesión diabólica sólo afecta a personas que participan en sesiones de espiritismo, magia negra o en determinadas prácticas de la New Age en la que se invocan a los demonios

Precisamente agregó el exorcista, el auge que han tomado tales prácticas en algunos sectores de la sociedad y en una parte importante de la juventud, están desembocando en casos de posesión que deben ser tratados con exorcismos al no encontrar solución en la psiquiatría. 


José Antonio Fortea dijo también que el país con más casos de posesión es Haití, detectándose asimismo numerosos casos en Latinoamérica, concretamente en Brasil y algunas regiones africanas del interior, 


y que en todos los casos los síntomas son similares. 

Lectura del Tarot. 

El Tarot es un método muy popular de adivinación en el que se utiliza un paquete de cartas para "leer la vida" de alguien. 

El paquete consta de 78 cartas; 56 están contenidas en cuatro diferentes grupos, formando lo que le llaman "arcana menor". Las otras 22 cartas contienen figuras y componen la "arcana mayor". 

Este grupo proviene de Hermes Trismegistus consejero de Osiris rey de Egipto, y están relacionadas frecuentemente con la Cábala

Las 22 cartas de la arcana mayor son la llave del Tarot. 

Estas corresponden a las letras del alfabeto hebreo. 

El estudio de la arcana mayor revela muchas creencias de aquellos que siguen la cábala

Poniendo las cartas de Tarot en forma del "árbol de la vida", se usan para adivinar y se pretende leer la vida de personas. 

El propósito específico de leer las cartas del Tarot es adquirir conocimiento sobre alguien o sobre eventos en la vida de una persona que no están disponibles a través de medios naturales ni recurriendo a Dios. Dios no responde a lo que no nos toca saber. Por eso, los que leen las cartas van a otras fuentes que no son de Dios.


Entonces, ¿a quien recurren?, ¿que poder espiritual piensan ellos que pueda responderles fuera de la voluntad divina?. 

No pueden ser ángeles ni santos ya que estos jamás actúan fuera de la voluntad de Dios


Eso solo lo hace el poder del mal, los demonios y son estos los que están detrás de estas prácticas  engañan a la gente, los hacen creer que son "ángeles" enviados por Dios para darles a conocer su futuro


Quizás muchos practicantes no se hagan estas preguntas. Ya que solo van por su propio interés sin pensar que ofenden, lastiman y traicionan a Dios. 


Los cristianos deben saber que todo tipo de adivinación ofende a Dios Padre, ya que lo abandonamos a favor de otro camino. 


Jesús dijo: "Yo soy el Camino, La Verdad y la Vida" Esta práctica está condenada por el Primer Mandamiento.



Fuente:

Arquidiócesis De México.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Las acciones que hizo Pio XII para quebrar el poder satánico de Hitler

Marta Robin y cercanos a Pio XII hacen revelaciones.

 

El demonio existe, es un ser real y ha habido hombres que han sido especialmente influenciados por él. Por ejemplo Hitler y Stalin.

 

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Las purgas de Stalin, el holocausto de seis millones de judíos organizado por Hitler y sus seguidores, han sido los más notorios, pero también se pueden mencionar los asesinatos de Pol Pot, de Mao Tse Tung o Lenin… las limpiezas étnicas en varias partes del mundo, los narcotraficantes o los terroristas que matan sin piedad… y el gran asesinato del abortos, como claros ejemplos de la influencia del maligno en el mundo.

HITLER Y STALIN POSESOS

Adolf Hitler y el líder ruso Stalin estaban poseídos por demonios, dijo el padre Gabriele Amorth. Él hizo sus comentarios durante una entrevista con Radio Vaticano.

El Padre dijo:

“Por supuesto que el diablo existe y que no sólo puede tener una a sola persona, sino también a grupos y poblaciones enteras, estoy convencido de que los nazis estaban todos poseídos. Basta pensar en todo lo que Hitler y Stalin hicieron. Casi todos ellos estaban poseídos por el diablo. Me doy cuenta por su comportamiento y acciones, por los horrores y atrocidades que se cometieron, estaban bajo las órdenes del diablo.”

De Stalin decía su hija Svetlana:

“Mi padre estaba poseído por un terrible demonio. Él consideraba la bondad y la misericordia peores que un gran delito”.

Hitler, decía el general Jodl en el proceso de Nuremberg:

“Era un gran hombre, pero un gran hombre infernal”.

LA REVELACIÓN DE MARTHA ROBIN SOBRE HITLER Y PIO XII

Según una “revelación personal” a la mística y estigmatizada Martha Robin, Adolfo Hitler firmó un pacto satánico, que incluía esta clausura: “Dame al pueblo judío y yo te daré poderío”; hay que anotar que más de seis millones de judíos murieron en los campos  de exterminio nazi.

El pacto duró al parecer más de diez años. Fue quebrado, el 8 de diciembre de 1942, cuando el papa Pío XII consagró el género humano al Corazón Inmaculado de María. La fecha coincide, aproximadamente, con la derrota alemana en Stalingrado, dos meses más tarde, en febrero de 1943.  

El papa Pío XII estaba convencido de que Adolf Hitler estaba poseído por el Diablo y lo exorcizó a distancia siguiendo las invocaciones y las oraciones recogidas en el ritual de exorcismos católico. Hitler era un hombre tan diabólico en sus programas de dominio y de exterminio, hasta el punto de estar dominado por las fuerzas del Mal. Así lo declaró Sor Pascaline, secretaria particular del Pontífice.

LOS EXORCISMOS FORMALES Y DIRECTOS A HITLER

Según publica la revista italiana 30 Giorni, los testimonios recopilados durante el proceso de beatificación que se está llevando a cabo, no parecen dejar lugar a dudas de que el ritual se realizó en varias ocasiones.

Ello consideran que fue sin éxito, a la vista de los acontecimientos que desembocaron en la II Guerra Mundial. Pero no han tenido en cuenta lo que reveló Martha Robin, que implicaría que la mezcla de exorcismos de Pio XII y la Consagración del Mundo al Corazón Inmaculado de María podrían haber operado minando el poder satánico de Hitler.

El sacerdote jesuita Peter Gumpel, teólogo y relator del proceso de beatificación del papa Pacelli, confirmó que el ritual de exorcismo se probó en varias ocasiones durante los peores momentos de la guerra.

Diversos testigos afirmaron haber asistido a estas ceremonias de exorcismo a Hitler, que se realizaron con el propósito de liberar el alma del dictador alemán de la influencia del Maligno.

Gumpel incluso desvela el testimonio jurado de Sor Pascalina Lehnert, en el curso del proceso del Siervo de Dios Eugenio Pacelli, quién declaró que

“el cardenal alemán Michael von Faulhaber y otros obispos estaban persuadidos de que Hitler estaba endemoniado, así que alertaron al Santo Padre, y éste, cuando empezó la guerra, no sólo hizo oraciones, sino que recurrió al exorcismo sobre Hitler en su Capilla privada, presentes nosotras, las religiosas”.

En el exorcismo el Papa invocaba a Dios para que liberase a aquella persona de la influencia diabólica que sufría el Führer y en base a la cual actuaba.

Pero al respecto Gabriele Amorth dijo:

“Es muy raro que oraciones y tratar de realizar un exorcismo a distancia funcionen”.

Es “claro que Ud. puede orar por alguien a distancia, pero en este caso no tendría ningún efecto.”

“Una de las claves necesarias para el exorcismo es estar presente frente a la persona poseída y esa persona consienta o desee. Así que intentar realizar un exorcismo en alguien que no está presente, o no consienta o desee, será muy difícil”.

PIO XII SIEMPRE CREYÓ QUE HITLER ERA UN POSESO

Años antes del estallido de la guerra, el papa Pacelli ya había manifestado en privado su preocupación por la situación en Alemania. La religiosa que lo cuidaba, la hermana Pascaline Lehnert, afirmó bajo juramento que el pontífice había dicho, refiriéndose a Hitler:

Adolf Hitler está completamente poseído, destruye todo lo que no cree necesario, todo lo que dice y escribe lleva la marca del egocentrismo”.

El pontífice no se encontró con él nunca ni tuvo relación directa con él, sin embargo Gumpel, ha citado en el juicio, las palabras de Pacelli al final de su mandato en Berlín en diciembre de 1929, años antes de la ascensión al poder del dictador en 1933:

“Este hombre es capaz de eliminar todo aquello que le resulta un obstáculo. No llego a comprender cómo en Alemania, incluso las personas mejores, no se percatan de lo que escribe y dice”.

También un sobrino del papa aseguró que, meses antes del comienzo de la guerra, el pontífice le había dicho que Hitler estaba verdaderamente poseído.

Los historiadores consideran que Pío XII en el año 1940 compartió el proyecto de algunos generales alemanes de expulsar a Hitler del poder. Algunos de ellos creen incluso que Pio XII trató de jugar un papel de enlace entre el Gobierno británico y los conspiradores alemanes que planearon derrocar a Hitler en 1939.

El relator Gumpel ha recordado las diversas protestas del Papa contra el nazismo, como el radiomensaje de la Navidad del 1942, en contra del programa hitleriano «Nuevo Orden», así como las denuncias de las muertes de miles de personas, tan sólo por razón de nacionalidad o de raza.

La fiel secretaria del Papa, Sor Pascaline, supo por medio del cardenal von Faulhaber que el Führer estaba furioso con Pío XII, y había exclamado contra el Pontífice, diciendo:

“¿De dónde saca tanta fuerza para resistirme y obstaculizar aquello que yo quiero, ese miserable, que no tiene otra cosa que piel y huesos. No puedo destruir Roma, algo que me hubiera dado mucho placer. ¡A cuántos judíos ha salvado, y no he sido capaz de apoderarme de él!”.

El abortorio frente al cual se inició la campaña de oración y ayuno de '40 Days for Life' ha cerrado

Abby Johnson, su ex directora: "No más mujeres se encaminarán dentro para ser dañadas"
"No más niños morirán dentro de esas paredes"
'40 Days for Life' se ha extendido rápidamente por EEUU y también fuera

El mismo que dirigía Abby Johnson y que en una de las campañas anuales de oración y ayuno se convirtió milagrosamente en provida. En el año 2004, un pequeño grupo de personas tuvo la feliz idea de empezar a rezar y ayunar por los niños allí abortados, por sus madres y por los trabajadores del abortorio.
REDACCIÓN HO.- El desmantelamiento de este local ha sido comentado en Twitter por la propia Abby Johnson, ex directora del centro, que primero se convirtió en provida y luego en católica tras asistir a un aborto a un niño de 13 semanas de gestación que estaba siendo retransmitido por ecografía en septiembre de 2009.
Vio cómo se retorcía y huía del tubo que lo aspiraba
Esos minutos cambiaron su vida para siempre. Ella pensaba que el bebé era incapaz de sentir algo con tan pocas semanas de concebido, pero vio cómo se retorcía y huía del tubo que lo aspiraba. "Luego se desplomó y comenzó a desaparecer dentro de la cánula ante mis ojos", recuerda Johnson, que agrega que lo último que vio fue "cómo su pequeña espina dorsal, perfectamente formada era succionada por el tubo, y luego ya no estaba ahí".
A partir de entonces ya le fue imposible entrar en su centro de trabajo y se unió a las personas que estaban rezando en la puerta de su abortorio.
No más niños morirán dentro de las paredes de este lugar
Johnson ha escrito ahora en su cuenta de Twitter: "Está realmente cerrado. No creo que sea real todavía. No más mujeres se encaminarán dentro para ser dañadas otra vez. No más niños morirán dentro de esas paredes".
El negocio del aborto de Planned Parenthood anunció en julio su decisión de cerrar tres de sus instalaciones tras la firma del gobernador Rick Perry en un proyecto de ley para prohibir los abortos tardíos.
Un libro que destapa el negocio de la muerte del gigante del aborto
Cuando Abby Johnson dejó su trabajo como directora del abortorio de Planned Parenthood en Texas y se convirtió en provida, después de años trabajando a favor de la muerte de los más inocentes, comenzó a difundir información poco conocida de la lucrativa industria del aborto. Planned Parenthood trató de silenciar a Abby Johnson. Pero Johnson ganó la batalla en los tribunales y comenzó a compartir todo lo que sabía, denunciando al gigante del aborto, en un libro que se ha convertido en un best-seller: "UnPlanned".
Johnson trabaja ahora para ayudar a que los hombres y mujeres, trabajadores en la industria del aborto, a que salgan del negocio de la muerte y encuentren carreras que respeten la vida.
Diez años rezando y ayunando por la vida
La campaña de '40 Days for Life' ha crecido rapidamente por todo Estados Unidos y hace varios años que se ha hecho internacional. España también se ha unido a la campaña internacional desde el 2011, los grupos de oración en España se llaman '40 Días por la Vida'.

Oraciones diarias de protección

CORAZA DE SAN PATRICIO
 

Me envuelvo hoy día y ato a mí una fuerza poderosa, la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres  Divinas Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Cristo, con su bautismo, la fuerza de su crucifixión y entierro, la fuerza de su resurrección y ascensión, la fuerza de su vuelta para el Juicio de la Eternidad.
Me envuelvo y ato a mí la fuerza proveniente de los meritos de todos aquellos que ya están unidos a Dios, para siempre en la eternidad, especialmente la fuerza de los meritos de María Santísima, San José, San Juan Bautista y mis santos patronos.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza del Espíritu Santo que fortaleció a los apóstoles en Pentecostés, la fuerza del amor de los Querubines, la obediencia de los Ángeles, el servicio de los Arcángeles, la esperanza de la resurrección para el premio, las oraciones de los patriarcas, las predicciones de los profetas, las predicaciones de los apóstoles, la fe de los mártires, las buenas obras de los confesores.
Me envuelvo hoy día y ato a mí el poder del cielo, la luz del sol, el brillo de la luna, el resplandor del fuego, la velocidad del rayo, la rapidez del viento, la profundidad del mar, la firmeza de la tierra, la solidez de la roca.
  Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Dios para orientarme, el poder de Dios para sostenerme, la sabiduría de Dios para guiarme, el ojo de Dios para prevenirme, el oído de Dios para escucharme, la palabra de Dios para apoyarme, la mano de Dios para defenderme, el camino de Dios para recibir mis pasos, el escudo de Dios para protegerme, los ejércitos de Dios para darme seguridad contra las trampas de los demonios, contra las tentaciones de los vicios, contra las malas  inclinaciones de la naturaleza, contra todos los que desean el mal, de palabra, obra y pensamiento, de lejos y de cerca, estando yo solo o en la multitud.
Convoco hoy día a todas las fuerzas poderosas, que están entre mí y esos males, para oponerlas contra los encantamientos de los falsos profetas, contra las leyes negras del paganismo, contra las leyes falsas de los herejes, contra la astucia de la idolatría, contra los conjuros de ulas brujas, brujos y magos, contra todos los que me envidian y planifican como destruirme, contra la curiosidad que daña el cuerpo y el alma del hombre.
Invoco a Cristo para que me proteja hoy contra el veneno, el incendio, el ahogo, las heridas, para que pueda yo alcanzar abundancia de premio.
Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo sobre mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo debajo de mí, Cristo en la anchura, Cristo en la longitud, Cristo en la altura.
Invoco a Cristo para que este en el corazón de todo hombre que piensa en mí, Cristo en la boca de todos los que hablan de mí, Cristo en todo ojo que me ve, Cristo en todo oído que me escucha.
Me envuelvo hoy día y ato a mí una fuerza poderosa; la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Divinas Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.
Del Señor es la salvación, el Señor es la fuerza de la salvación, Cristo es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian para servirle con santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días. Amén.

ORACIÓN DE PROTECCIÓN CON LA SANGRE DE CRISTO
 
Señor Jesús, en tu nombre, y con el poder de tu sangre preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo quiera hacernos daño.
Con el poder de la Sangre de Jesús, sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.
Con el poder de la Sangre de Jesús, rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada uno), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de su Sangre alrededor de toda nuestra familia. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar en este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrarlas).                                                                                
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material, espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con tu sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que tu paz y tu Corazón al fin reinen en ella. Te agradecemos Señor por tu Sangre y por tu vida, ya que gracias a ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.

ACORDAOS
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.


Animado con esta confianza,
a ti también acudo,
oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.


No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.

Amén.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Aparición de la Virgen en Knock - Irlanda

Nuestra Señora de Knock, Irlanda, 1879

Una aparición que se puede describir como teatral, extraordinaria en su contenido y su forma, que ocurrió en un pueblecito escondido en la Irlanda occidental. Se trata de un evento sin dudas desconocido para muchos, pero que atrajo la presencia de su Santidad Juan Pablo II en 1979, para orar en un lugar bendecido por la Gracia de Dios.

Para él, el Papa que ha “perseguido” a María por todas partes, se trató de mostrarnos otro lugar donde la Madre de Dios y Madre nuestra se ha manifestado a sus hijos: “He sentido un profundo deseo de venir aquí, el deseo de realizar otra peregrinación al Santuario de la Madre de Cristo, la Madre de la Iglesia, la Reina de la Paz. Que no os sorprenda este deseo mío. Ya en mi juventud y en mi país, han sido muy frecuentes para mí las peregrinaciones a los santuarios de la Virgen...”.

Con estas palabras Juan Pablo II nos maravillaba en su homilía de Knock en su visita de 1979, centenario de una aparición muy especial. El quiso marcarnos no sólo la presencia de María en ese lugar, sino el propósito y significado del mensaje. Cada venida de María tiene un sentido distinto, especial y adaptado a cada circunstancia y cada lugar. Ella, enviada por su Hijo, sabe bien lo que necesitamos en cada momento de nuestra historia. Y en este caso quiso manifestarse junto a su esposo terrenal, San José, y a San Juan Evangelista, el discípulo tan amado por Jesús.

José, símbolo del heroísmo en la pureza, y Juan, signo extraordinario de la elevación espiritual, de la fe puesta en forma de pasión y amor. Juan y José unidos, uno como Sacerdote, Obispo y Evangelista, y el otro acompañando a su esposa, la Madre de Dios. Pero también la aparición estuvo iluminada por la presencia angelical, como símbolo del acompañamiento del ejército de Dios, que no deja de adorar y rodear al Verbo.

Fe una aparición Eucarística, porque se produjo en una Iglesia, pero mucho más importante, porque las figuras rodeaban un altar sobre el que descansaba un Cordero. ¿Quién era ese cordero recostado sobre el Altar Eucarístico? Pues quien sino el mismo Cristo, viviente y presente en el lugar del Sacrificio Perpetuo. La visión representó la Santa Misa, con Juan como Sacerdote, el altar y Cristo sobre él, y con María y su Castísimo esposo como miembros de la feligresía que adoraba al Verbo de Dios. Los ángeles siempre adoran y acompañan la celebración de cada Eucaristía, como fue aquel día también.

Knock constituye un hito en la historia de la Iglesia sobre el que debemos meditar y reflexionar, porque nos lleva irreversiblemente al Libro de las Revelaciones, al Apocalipsis. La presencia de Juan nos lo señala, autor de tan maravilloso tramo de las Sagradas Escrituras, fruto según la tradición de visiones que tuvo en la una cueva en la isla de Patmos, durante un periodo de exilio. Para disipar toda duda, Juan se presenta en la aparición con ropajes de Obispo, con un libro en sus manos, invitando a leer su obra.

Knock, un misterio para desentrañar. No hubo palabras, sólo imágenes. Pero fueron más que sugerentes esas visiones, por la combinación de personajes, la escena representada, lo dicho de ese modo vale más que mil palabras. Descubramos en Knock el misterio de la Palabra de Dios hablándonos con sus manifestaciones. María, una vez más, es el centro de Su mensaje, una invitación a navegar en los brazos de esa hermosa Niña que después de dos mil años nos sigue invitando con su mirada tierna, compasiva, y llena del amor del que sólo Dios puede dar 

La aparición de la Virgen en  Knock

Demos pues un salto al pasado, a ese pueblecito de finales del siglo XIX. Era el jueves 21 de agosto de 1879, en una tormentosa noche de fines del verano irlandés. No había un santuario como existe hoy en día, naturalmente, tan solo una pequeña iglesia de pueblo. La paz del lugar envolvía la inclemencia del tiempo, dando a las personas la sensación de que el mundo era un lugar difícil de enfrentar, el refugio de los hogares junto al calor de la hoguera era la forma de enfrentar las largas horas de los días, y las noches.

Como de costumbre, Mary Beirne, la mujer encargada de la pequeña iglesia se disponía a cerrar la puerta. Pero algo distinto llamó su atención: una luz intensa venía de un lado del edificio, y allí, a primera vista, "le pareció ver las estatuas de Maria, de José y de San Juan junto a un nuevo altar sobre el cual había un Cordero y una Cruz". No hizo mucho caso de ello, porque precisamente en una noche tormentosa como esta, el año anterior, se dañaron dos estatuas, por lo que pensó que el párroco las había comprado para sustituirlas: pero "¿por qué dejarlas allí bajo esa densa lluvia?"- se preguntaba la mujer.

Más tarde, junto a Mary Mc Loughlin, volvió para comprender mejor esta "anomalía", y con estupor aún mayor se dio cuenta de que las estatuas... ¡se movían! "¡Es la Virgen!", exclamó una de ellas, y corrieron a avisar a familiares y conocidos. Trece personas se unieron a ellas para completar el grupo de quince testigos que constituyen la base del testimonio que Dios quiso dejar allí. Así fue como esta aparición tan insólita se mostró en toda su realidad.

Dice Lindsey en su libro "The Woman and the Dragon: Apparitions of Mary": El muro entero lateral de la iglesia estaba iluminado por una intensa luz visible desde lejos. Las figuras estaban suspendidas en el aire a medio metro de altura.

El altar con el Cordero y la Cruz estaban rodeados de ángeles que giraban sobre el mismo. María, la figura más grande, vestía un manto y una faja de color blanco, y un largo velo que desde la cabeza le bajaba a los pies. Sobre su cabeza cubierta por el velo lucía una extraordinaria corona de oro.

Entre la corona y el borde del velo llevaba una rosa de oro. Sus manos estaban en posición de oración a la altura de sus hombros, y su mirada, absorta en el rezo, se dirigía al cielo. San José se hallaba a la derecha de María, con la cabeza inclinada hacia adelante y las manos unidas también en oración. San Juan Evangelista tenía una mitra de Obispo y se hallaba a la izquierda de María. Su mano derecha estaba levantada y el brazo izquierdo sostenía lo que parecía una Sagrada Biblia.

Mientras la pequeña multitud se arrodillaba ante la aparición en devota oración, los visitantes celestiales permanecían en silencio. No se pronunció ni una sola palabra. Sólo tras muchas horas, de repente, las figuras desaparecieron.

Knock, el llamado

Podemos imaginar lo que este evento desencadenó. Enseguida el Arzobispo instituyó una comisión para estudiar mejor los hechos y al principio surgieron anomalías. El primer argumento fue que, normalmente, en las apariciones se manifiesta sólo la Virgen y nunca falta un mensaje suyo. Pero esta vez...hubo silencio total.

Además, el "grupo" se había mostrado sólo una vez a un número de videntes inusual: 15 personas de todas las edades. Grandes dudas surgieron luego en las declaraciones de los testigos. Pero poco duraron, porque una audiencia más profunda convenció a la comisión sobre la sinceridad de los que presenciaron el evento aquella noche, por lo que no se impidió el culto en ese lugar a los fieles, que comenzaron con el tiempo a transformar ese pueblecito en meta de peregrinaciones. Hoy en día y cada año recibe a un millón y medio de peregrinos.

La explicación está en el Apocalipsis ¿Qué es lo que el Señor ha querido decirnos con esa escena? Don James, un fraile franciscano que estudió la aparición, escribe: San Juan llevaba en sus manos un libro. Pero si se quiere descubrir el mensaje de Knock hay que abrir el Libro del Apocalipsis.

Es el libro que contiene la interpretación de la historia universal. Está repleto del gran tema de la redención en sus tres fases. Hay en primer lugar el misterio del "Cordero inmolado desde la creación del mundo". Así San Juan describe, en el capitulo trece, el plan eterno de redención, representado en modo sencillo y tocante por el Cordero que fue visto en Knock. En segundo lugar tenemos el misterio de la Mujer "vestida de sol" que se presenta de modo normal en la tierra. Hay en último lugar la Ciudad de Dios que, se dice, posee la Gloria de Dios, de la cual el Cordero es la lámpara.

También David M. Lindsey interpreta la aparición de Knock como un claro recuerdo del Apocalipsis: La aparición de Knock se quedó en silencio y pareció no dar ningún mensaje, pero en realidad no fue así. El silencio a veces es más elocuente que las palabras.

Hay que analizar con atención la aparición para poder descubrir el mensaje silencioso que ésta esconde. María se apareció con su esposo terrenal, San José, y con su hijo adoptivo, San Juan Evangelista, y llevaba la corona de oro de la Reina del Cielo....En el centro del altar brillaba el Cordero Inmolado, como lo vio en el Apocalipsis San Juan sobre el altar de oro del cielo".

"Mira que estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,20). Tal vez no todos saben que el verbo en inglés "to knock" significa "llamar". Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo", escribe San Juan en el Apocalipsis (Ap 3,20). Esto nos dice la Escritura, y esto nos sugiere también la lectura de los tiempos que estamos viviendo. Jesucristo llama a la puerta de nuestro corazón, llama al umbral de nuestra vida, y espera que lo dejemos entrar para poder cumplir sus promesas.

La llamada de la aparición de Knock es elocuente: los tiempos están maduros, la Madre nos invita a unirnos a su obra de corredención. Dejémosle a San Juan mostrarnos el libro que nos indica qué hacer para participar en la victoria final sobre el Dragón. Apresurémonos, y no dejemos escapar la ocasión de estar entre los que "le han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio y menospreciaron su vida hasta morir" (Ap 12,11).

Knock en la actualidad

La vieja iglesia fue ampliada y transformada en un Santuario que hoy atrae a las multitudes. Un conjunto de imágenes que representan la escena de la aparición fue erigida entre la vieja construcción y el nuevo edificio, de tal modo que se puede apreciar tanto desde el exterior como desde el interior del Templo. Un techo de cristal cubre el lugar para permitir el ingreso de la luz y aumentar la visibilidad del conjunto. La escena se ha ubicado cerca del lugar del viejo muro donde se produjo la aparición.

Con el paso de los años, la iglesia ha investigado la aparición en múltiples oportunidades. Los testigos siempre fueron encontrados de buena fe, y con testimonios consistentes, sin contradicciones. Nada se encontró que contradiga la doctrina, sino todo lo contrario. Lo relatado tiene un profundo sentido eclesial y conforma una representación extraordinaria de un conjunto de elementos que tomados en su totalidad encajan a la perfección. Distintos Pontífices han promovido y hablado de Knock, antes de que Juan Pablo II coronara el Santuario con su visita.

De inmediato se empezaron a reportar sanaciones milagrosas entre los visitantes al Santuario, tal como ocurre en muchos otros centros Marianos, como Lourdes o Fatima. Dios, de este modo, ha puesto y sigue poniendo Su sello de autenticidad sobre Knock, como siempre lo hace y seguirá haciendo con sus auténticas obras.

Bajo la lluvia, quince testigos pudieron ver, durante horas, como María, José, Juan, los ángeles y fundamentalmente el Sagrado Cordero se movían y hacían del silencio una extraordinaria sinfonía celestial. Podemos imaginar como latían los corazones de los testigos ente semejante Gracia de Dios. Aun hoy vibran nuestros corazones ante sólo pensarlo. El lugar rememora este extraordinario regalo de Dios, para regocijo y crecimiento de las generaciones presentes y venideras.

Knock es un llamado a una vida Eucarística, a redoblar nuestra fe y nuestra disposición a vivir para y por El. María quiso golpear nuestra puerta, la puerta de nuestro corazón. Ella lo hizo con José, quien la protegió durante los años de silencio, cuando Jesús crecía y se acercaba al apogeo de Su Misión. Pero también estuvo allí Juan, quien junto al pié de la Cruz fue hecho su hijo, como lo somos nosotros. Juan nos representa, a todos, como hijos de la Madre Celestial, Reina de los ángeles, Reina del Cielo.

Juan Pablo II dio el broche de oro a Knock con su presencia, eterno caminante detrás de los pasos de María. Allí se encontraron, se miraron, sonrieron, y dieron testimonio una vez más de la impenetrable unión del alma humana con Su Creador, manifestada en este caso por el amor de aquella que está Llena de Gracia. El Espíritu Santo estuvo en Knock, soplando en aquella noche de lluvia y frío, haciendo que quince personas sorprendidas se transformen en testigos privilegiados de lo que, con los siglos, seguirá alimentando a las generaciones de los que amamos a Dios, a través de Su Excelsa Madre.