lunes, 16 de julio de 2012

Boletín de Julio Eucaristía

LA EUCARISTÍA EDIFICA LA IGLESIA

 La Eucaristía edifica a la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía. Podemos deducir que hay una relación entre ellas sumamente estrecha.

El Catecismo de la Iglesia Católica al explicar que la Iglesia es apostólica, o sea, basada en los apóstoles se refiere a un triple sentido de la expresión.

Por una parte “fue y permanece edificada sobre el fundamento de los apóstoles” (Ef 2, 20), testigos escogidos y enviados en misión por el propio Cristo. También los apóstoles están en el fundamento de la Eucaristía, no porque el sacramento se remonte a Cristo mismo sino porque ha sido confiado a los apóstoles por Jesús y transmitido por ellos y sus sucesores hasta nosotros.

La Iglesia celebra la Eucaristía a lo largo de los siglos precisamente en continuidad con la acción de los apóstoles obedientes al mandato del Señor.

El segundo sentido de la apostolicidad de la Iglesia, indicado por el catecismo es que “guarda y transmite con la ayuda del E. Santo que habita en ella la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles”.

Como enseña el Concilio Vaticano II, los fieles “participan en la celebración de la Eucaristía en virtud de su sacerdocio real”, pero es el sacerdote ordenado quien “realiza como representante de Cristo el sacrificio eucarístico y lo ofrece a Dios en nombre de todo el pueblo”. Por eso se prescribe en el misal romano que es únicamente el sacerdote quien pronuncia la plegaria eucarística mientras el pueblo de Dios se asocia a ella con fe y en silencio (y de rodillas).

La asamblea que se reúne para celebrar la Eucaristía necesita absolutamente para que sea realmente asamblea eucarística, un sacerdote ordenado que la presida. Por otra parte, la comunidad no esta capacitada para darse el
ministro ordenado. Este es un don que recibe a través de la sucesión episcopal que se remonta a los Apóstoles. Es el obispo quien establece un nuevo presbítero, mediante el sacramento del Orden, otorgándole el poder de consagrar la
eucaristía. Pues “el misterio eucarístico no puede ser celebrado en ninguna comunidad sino es por un sacerdote ordenado”, como ha enseñado expresamente el Concilio Lateranense IV.

Cristo está presente en la Iglesia que ora, porque es Él, quien ora por nosotros, ora en nosotros y a Él oramos: ora por nosotros como Sacerdote nuestro; ora en nosotros como Cabeza nuestra y a Él oramos como a Dios nuestro. Y Él mismo
prometió: “donde están dos o tres congregados en mi nombre ahí estoy Yo en medio de ellos”.

Cristo esta presente en su Iglesia que predica, pues el Evangelio que ella anuncia es la Palabra de Dios y solamente en el nombre, con la autoridad y con la asistencia de Cristo, Verbo de Dios encarnado se anuncia, a fin de que haya una sola grey con un solo pastor.

Cristo esta presente en su Iglesia que rige y gobierna al pueblo de Dios puesto que la sagrada Potestad se deriva de Cristo, y Cristo, Pastor de los pastores, asiste a los pastores que la ejercen, según la promesa hecha a los apóstoles. A demás de modo aun más sublime, esta presente Cristo en su Iglesia que en su nombre ofrece el Sacrificio de la Misa y
administra los Sacramentos.

San Juan Crisóstomo:" quiero añadir una cosa verdaderamente maravillosa, pero no os extrañéis ni turbéis. ¿Qué es? La oblación es la misma cualquiera que sea el oferente Pablo o Pedro; es la misma que Cristo confió a sus discípulos, y que ahora realizan los sacerdotes; ésta no es en realidad menor que aquella, porque no son los hombres quienes la hacen Santa, sino Aquél que la santificó. Porque así como las palabras que Dios pronunció son las mismas que el sacerdote dice ahora, así la oblación es la misma."

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